Avestruces, ositos y billetes

El chiste fallero tiene que ser rápido, visual. La metáfora fallera, si es posible, no debe necesitar explicación porque debe verse. Los versos –digo versos, no un rótulo de supermercado—adornarán y serán complemento, alargarán la broma y harán brotar la risa. Pero la gracia inicial tiene que encenderse al primer golpe de vista: como estas avestruces que entierran la cabeza en la arena para no ver, que rodeadas de billetes y carteras repletas, una caja de ahorros se está evaporando. Es la corrupción, y la deliberada ignorancia de lo que estaba pasando. El osito  en que se ha convertido nuestra Bancaixa en manos de Caja Madrid no necesita mucha explicación: es el chiste fallero esencial. Al hilo de la actualidad, las fallas actúan como revulsivo y despertador: la amarga ironía la pone el espectador. Así ha sido siempre la fiesta.

El osito de Caja Madrid se ha llevado la Gallina de los Huevos de Oro. Las avestruces, rodeadas de billetes, no quieren ver nada de lo que les rodea.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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