Lo natural y las ciudades

Las palmeras se caen. Y además, siguiendo manías ancestrales, no avisan. De modo que la gente está alarmada: porque si la caída de un dátil puede llegar a ser una molestia, la caída de una palmera completa lo es mucho más. Claro que lo que más ha irritado –por eso los periodistas lo destacan en titulares—es cuando en el Ayuntamiento va un listo y dice que “es un hecho completamente natural”. En la municipalidad explican que, como todo ser vivo, la palmera nace, crece y muere. Pero la prensa, y la gente, creen ver que eso no es sino una excusa contra la falta de poda, de mantenimiento, que el Ayuntamiento ha impuesto a todos sus servicios, empezando por la pintura de las marcas de circulación en el suelo.

La crisis, como se ve, ha llegado a las palmeras, al arbolado municipal. Y no es de extrañar que incluso ayude a repensar la ciudad, su jardinería y su arbolado. Porque muchas veces, llevados del deseo político de halagar a la población, se plantaron especies frondosas en calles de aceras muy estrechas donde los vecinos del segundo, ahora, tienen una rama de sicomoro dentro del comedor. O donde los ancianos han de ir patinando sobre una manta de frutos aplastados de morera.

Sí, a lo mejor, como ocurrió con las farolas, plantamos excesivamente y sin pensar. Por afán de invertir. Palmeras, muchas palmeras, sobre todo palmeras en calles, bulevares y avenidas donde ahora hay que vivir –es natural, claro, pero la gente no lo aguanta—el peligro de un tronco reseco que no soporta seiscientos kilos de palmas secas. Y el muy pringoso ciclo del suelo cubierto de puré de dátiles.

Y es que nos hicieron tan refinados en los buenos tiempos que no aguantamos los efectos colaterales de la crisis…

En la foto, poda municipal de una palmera en el pasado febrero, antes del “apretón”.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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2 respuestas a Lo natural y las ciudades

  1. Celia Corrons dijo:

    ¡Vaya! cae la bolsa, cae el datil y toda la palmera, y se convierte en área de patinaje. Para frenar todas las caídas sería util saber un poco más de la tierra que pisamos. Tenemos la suerte de tener un gran conocedor y apasionado del jardín valenciano, que pronunciará una conferencia (el primero de octubre) sobre los árboles monumentales de Valencia, en el centro cultural bancaja. Sería de utilidad para los que se encargan del mantenimiento de nuestros bienes verdes y vivos (de momento) acercarse para conocer nuestra historia que bien se merece una dosis de atención y protección. El profesor Ballester– Olmos, además de ser un excelente experto en el tema, tiene un don, provoca el interés hasta de los más advenedizos, un sabio que transmite cono nadie.

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