Eccehomo de Borja, ¿al fresco o a secco?

Una vez le pregunté a un profesional de la restauración de pinturas antiguas si el peor enemigo de las obras de arte guardadas en nuestras iglesias era el humo de las velas o el incienso. Y me salió por donde nunca hubiera esperado:

— El peor enemigo son las buenas mujeres de la limpieza; las devotas señoras que lavan a fondo los suelos, usando mucha lejía mezclada con el agua. Con las puertas cerradas, sin ventilación, una iglesia es una caja donde el agua con lejía se va evaporando lentamente. Eso es mortal para muchas pinturas.

Leo lo que se está publicando sobre el lamentable –aunque interrumpido— intento de restauración del Eccehomo de Borja por parte de Cecilia Giménez, y me pregunto si el problema no comenzó hace muchos, muchos años, cuando el pintor Elías García, por lo que estoy leyendo, pintó el Cristo usando óleos, directamente sobre el muro del templo. Porque a lo  mejor esa fue una técnica errónea, incorrecta, que está pasando factura tiempo después.

¿Por qué en la pintura aparecían desconchados? ¿Por qué brotaba salitre de la pared? ¿Qué reacciones se estaban produciendo en el yeso? ¿Hay excesiva humedad en la iglesia? Del trabajo de la marabunta mediática que se ha lanzado sobre el “notición” del rostro deforme y grotesco, he encontrado muy pocas líneas que ayuden a entender qué puede haber pasado: cuando el autor trabajó y cuando la restauradora ha hecho lo que ha hecho, insisto que sin haber terminado su tarea.

Encontramos –eso sí—mucha risa, mucha broma facilona, muchas insinuaciones destinadas a hacer guasa comparativa entre el arte que “se entiende” y el “moderno”; pero muy poca información técnica que ayude a entender los problemas que tenía la pintura mural y los que ha podido encontrar la restauradora “amateur”. Y mira que hay pintores y restauradores; mira que hay profesionales del comercio de las bellas artes que podrían orientar al respecto… Y que explicarían que en algunos templos hay paredes, hay capas de yeso o de pintura, que se deshacen al tacto.

Lo sabremos pronto, si el periodismo decide, cosa dudosa, que esa información técnica sigue teniendo interés. Porque pasada esa racha frívola –tan propia de twitter—que ha consistido en poner la cara de cualquier payaso televisivo sobre la pintura, vamos a ver si los conocedores nos explican si el original se hizo al fresco o a secco. Vamos a releer detalles sobre cómo trabajaba Miguel Ángel en la Capilla Sixtina –usando aceite, cientos de yemas de huevo y secretos pigmentos– mientras el yeso estaba recién aplicado y fresco. Y que los expertos expliquen en alguna parte –por favor, un minuto de televisión para alguna cosa seria– qué pasa si se hacen manejos presuntamente incorrectos sobre obras que también pudieron serlo en su día. Porque hasta la fecha, es que ni el prestigioso “New York Times” se ha tomado la molestia…

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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