El Eccehomo de Borja: Carmen Pérez o la solución

Los frescos románicos del Pirineo, esas preciosas pinturas murales que podemos ver en los grandes museos, sobre todo en Madrid y Barcelona, estaban en las paredes de ermitas e iglesias cargadas de humedad y sales hace mucho menos de cien años. Pero la técnica de los restauradores, que no es nada nueva, permitió trasladarlas, con su soporte de yeso, como si fueran una enorme galleta, desde los lugares donde corrían peligro a salas bien acondicionadas, de temperatura y humedad estable.

Hablo de pinturas de ocho, diez o doce metros cuadrados, de grandes y complejos murales pintados en el siglo XIII por maestros desconocidos. Pero lo que hoy parece asombroso tras el “desastre” del Eccehomo de Borja –desprender de la pared el trabajo sin terminar que tantas bromas absurdas ha levantado en el mundo entero— para reencontrarse seguramente con el que se pintó en los años treinta, es algo perfectamente posible. Y bastante sencillo si lo comparamos con las dificultades que hace setenta u ochenta años encontraron los expertos, dotados con medios técnicos rudimentarios si se comparan con los actuales, para trasladar murales como los de San Clemente de Taüll.

Desde el momento en que se consultó con el Instituto Valenciano de Restauración y entró en acción su directora, Carmen Pérez, que es una de las restauradoras más expertas de España, pensé que el asunto de la iglesia de Borja va a tener una satisfactoria solución. Sobre todo si, como han dicho los técnicos enseguida, el problema de la pared donde la pintura en cuestión se halla, y del altar contiguo, es la humedad, como se aprecia en las fotos. En realidad, aunque no se quiera decir, me parece que es un problema muy pequeño comparado con las “salvaciones y resurrecciones” de óleos, retablos, documentos, mapas y códices que cada semana se hacen en los talleres del IVACOR.

¿Qué se quieren salvar las dos, la original de Elías García y el intento de Cecilia Giménez? La técnica lo permite, nos hace libres. Así es que solo es cosa de gustos. Aunque yo lo haría. Pero no para que ese “error de Borja” que ha dado la vuelta al mundo se quedara como símbolo de la torpeza de una persona mayor, sino para que la “restauradora” aficionada, ahora sin riesgos, pudiera terminar su trabajo en libertad. Porque su obra indica que no es mala pintora, aunque no sea una gran estrella. Y porque lo ocurrido, seguramente, es que quien le autorizó a actuar no ha tenido la gallardía de cerrar el templo a la prensa y dejarla trabajar en paz durante un par de meses.

Fotos.- Carmen Pérez y una pintura de Taüll trasladada en 1920 a Barcelona y expuesta sobre lienzo en el Museo Nacional de Arte de Cataluña

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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