Benedicto XVI, el periodismo, la mula y el buey

portalUna vez más, la prensa razonablemente mal hecha –que reside principalmente en la red– ha dado la justa medida de su defectuosa forma de trabajar. Lo digo al hilo de una conversación que he podido seguir en el autobús entre dos señoras escandalizadas porque el Papa “ha prohibido poner la mula y el buey en el Belén” y un caballero que, como un digno Lutero local, aseguraba estar dispuesto a desafiar la autoridad de la jerarquía vaticana: “Vamos, que si las voy a poner: como toda la vida”, aseveraba en voz muy alta.

Fascina ver cómo una noticia nace deforme por su titular y prospera con él a cuestas, a la velocidad de la luz, sobre todo cuando parece contener rasgos de intolerancia de raíz vaticana. Fascina tanto como buscar y buscar en las noticias, sin éxito, el texto original que el cardenal Joseph Ratzinger ha escrito. Hay que esforzarse para hallar, en su libro “La infancia de Jesús”, editado por Rizzoli en veinte idiomas, y puesto a la venta por Planeta en España. Pero ¿dónde está el párrafo en el que el Pontífice prohíbe que en los belenes haya bueyes y mulas? Imposible encontrar tal prohibición.

Para empezar se hace trampa en la portada del libro, al menos en la edición española: porque bajo el nombre del autor, el teólogo Joseph Ratzinger, se pone con letra bastante más grande “Benedicto XVI”, es decir el Papa. Que no es propiamente el autor del libro, en tanto no habla en él un Pontífice que imparte doctrina y dicta normas, sino un teólogo que comenta, ilustra y enseña. Confundido todo, de ahí nacerá el supuesto hecho de autoridad. Y el comentario de un ensayista se transformará en prohibición.

Buscar y rebuscar lleva a localizar, al fin, este texto de la página 70 del libro:

“¿Nació Jesús entre un buey y una mula?”, se pregunta. Y responde: “El pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. En el Evangelio no se habla en este caso de animales. Pero la meditación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y el Nuevo Testamento relacionados entre sí, ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías 1,3: ‘el buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende’.”

El teólogo, que no el Pontífice, explica que el buey y la mula no están en los relatos evangélicos. Como no están los ciento y un detalles que los cristianos han ido poniendo en las escenografías del Belén  desde que San Francisco de Asís, en el siglo XIII, los incluyó una Nochebuena tomando los referentes de la profecía de Isaías que ya estaba presente en dibujos belenísticos de los primeros tiempos cristianos.

 El propio Joseph Ratzinger advierte en el libro que “ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno”. Acostumbrados como estamos por la tradición y la sensibilidad, sería una bobada hacerlo. Pero esta última aseveración tampoco acompaña a quienes buscan no ya el ruido sino ese silogismo tan grosero: “Todo está cambiando: hasta el Papa… etcétera” Y es que, como dijo aquel “Manca finezza”.

Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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