El terrible naufragio de Rodrigo Borja

naufragioA raíz de la serie de televisión “Isabel” se está escribiendo sobre el viaje a España, como legado papal, del cardenal Rodrigo Borja, más tarde pontífice con el nombre de Alejandro VI. De lo que se habla mucho menos, sin embargo, es del regreso a Roma de nuestro obispo, que fue literalmente una pesadilla convertida al final en tragedia. En efecto, el curso de la historia estuvo a punto de cambiar en ese viaje de vuelta; porque el futuro Papa estuvo a punto de perecer en el naufragio al final de su viaje.

El viaje de vuelta a Roma empezó el 11 de septiembre de 1472 en el Grao de Valencia y se realizó en dos galeras venecianas que costaron 5.000 ducados de fletar. En ellas embarcaron, como si se tratara de un crucero de placer, varias docenas de personajes de la nobleza y la mejor burguesía valenciana. Los pasajeros fueron doscientos y el cronista Miralles dice que “pareixía que anaren de bodes”. Invitados por Rodrigo, la posibilidad de pasar unos meses en la capital romana era una gran atracción: el lujo, la opulencia, y también los destellos de lo más moderno y fascinante, acompañaban los pasos de los Borja, que se hacían de ver y notar por donde iban.

Pero a poco de zarpar se nubló, comenzó el mal tiempo, sopló un viento rudo de levante, se alteró la mar, “el sol no es mostrà” y las galeras se tuvieron que refugiar en Denia, donde recalaron hasta el 19 de septiembre. Se decidieron a reemprender viaje, finalmente, por la determinación del cardenal Borja. Pero la meteorología no mejoró: el Mediterráneo reservó para los barcos sus peores trazas y a una borrasca sucedió otra. Finalmente, el 10 de octubre, pudieron avistar tierra italiana; pero las costas de Pisa les reservaron lo peor. “Les galeres periren i vingueren de través”, dice el dietario del “Capellá d’Alfons el Magnànim”. La galera que llevaba a Rodrigo Borja “es descosí”, de modo que “el dit senyor fon tret en molt gran perill, en alguns atres senyors”, mientras la marinería se ponía a salvo en maderos.

Pero la segunda galera se perdió por completo y con ella todos los nobles pasajeros. “!Oh gran dol i mal de quatre bisbes, de tants homes de ciencia, tanta joventut que anava a Roma per aumentarse en honor, tants que anaven a estudiar a Bolonia…”, lamenta el dietarista. Murieron los obispos de Fano, de Asis y de Orto… Entre las doscientas víctimas de los dos naufragios se ahogaron hasta  75 notables valencianos, encabezados por Felipe Boil. Y a todo eso, el cardenal había perdido todas las riquezas embarcadas en Valencia: vajilla, ropas, mercancías de calidad… “De la galera no tragué sino la camisa. Tot lo atre se pergué en la mar”.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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