Una misma, inseparable indignación

escudoEl entrenador, el presidente, los árbitros… los jugadores. De forma sucesiva, la afición del Valencia CF –que paga y sale avergonzada del estadio en el descanso– va pidiendo la dimisión de todos los estamentos, de todos los elementos que componen una situación desafortunada. Deportivamente, el equipo de Mestalla está ofreciendo una cadena de fracasos estrepitosos. Pero la desgana de los jugadores, la ausencia de una actitud deportiva que pueda considerarse gallarda, no se puede separar del profundo fracaso de la entidad. Económicamente arruinado, fracasado en sus proyectos inmobiliarios, el Valencia Club de Fútbol es ahora una entidad hipotecada que ha venido a parar a las manos de la Generalitat Valenciana. Que si nunca hubiera querido tan insólito regalo, en las condiciones actuales lo recibe como un engorro indeseable.

No es difícil establecer una correlación, una metáfora vinculante, entre la sociedad valenciana como proyecto colectivo y el estado de salud y ánimo de su club deportivo de referencia. Puede parecer un exceso. Pero para mucha gente de “alta fidelidad”, la una y la otra es una misma, inseparable indignación.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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