Los misterios del viejo cauce (11)

Mucho antes de que hubiera prima de riesgo, mucho antes incluso de que se inventaran las cajas de ahorro, los bancos valencianos ya tenían una contabilidad rigurosa. La tenía la Taula de Canvis, que fue nuestro primer banco público, y la tenían también los humildes bancos de piedra de la orilla derecha del Turia, que desde la Petxina, allá por donde el azud de Mislata nos indica que estamos entrando ya en la ciudad, fueron objeto de una rigurosa contabilidad; de una numeración que continúa por Guillén de Castro hasta las Blanquerías.

Habitualmente, ni nos fijamos. Pero es una curiosidad que no va en las guías turísticas y de la que no se informa a los jóvenes ni a los viajeros. ¿Se imaginan que Central Park estuviera rodeado de unos pulcros bancos de piedra labrados en el siglo XVIII y rigurosamente controlados por un número que nadie sabe a qué responden? Con solo ese juego, ese misterio, Nueva York conseguiría medio millón de turistas más. Porque esa es otra: ¿a qué demonios vienen los misteriosos números? ¿Para qué se tomaron la molestia de ponerlos? ¿Para que las parejas de novios pudieran citarse al atardecer en el banco 14? ¿Para controlar a los que se sentaban y cobrarles un impuesto?

Anuncios

Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
Esta entrada fue publicada en de buena tinta. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s