De despilfarros, silencios y maravillas

IMG_0444Cuando la oposición comenzó a acosar al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, por los colosales costes de su proyecto de adaptar el antiguo Palacio de Correos como nueva sede del Ayuntamiento de la capital, la factura del proyecto estaba en los 400 millones de euros. Pero eso era más o menos hacia 2007, cuando el alcalde abrió su nuevo despacho, ocupado ahora por Ana Botella. Unos años después, los sobrecostes habían aumentado el presupuesto hasta superar la barrera de los 500 millones de euros. Así es que cuando se concluyó el conjunto y abrió sus puertas el área cultural Centro.Centro, la factura estaba por los 526 millones, incluyendo los modestos 5 millones que costó la atrevida cubierta de cristal colocada sobre el antiguo patio de vehículos de Correos.

Sin embargo, tendremos que reconocer dos cosas: igual que ocurre en Barcelona, los grandiosos costes y supuestos despilfarros de Madrid no han condenado a la ciudad a figurar como símbolo de unas inversiones excesivas o sin sentido. Pero con Valencia, que ha gastado en toda la Ciudad de las Ciencias más o menos la misma suma que Gallardón en restaurar y adaptar a un nuevo uso su Palacio Municipal, sí se ha convertido en una de las causas del particular viacrucis que padecemos.

Con todo, más allá de los excesos presupuestarios, y de la benévola acogida de algunos de ellos, los resultados de la reforma que promovió Ruiz Gallardón son sencillamente espectaculares. Una visita al centro cultural de la plaza de Cibeles es un maravilloso recorrido por una arquitectura hermosa a la que se ha sacado un partido que merece quitarse el sombrero.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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Una respuesta a De despilfarros, silencios y maravillas

  1. Algunos que vivimos en Madrid y pagamos con nuestros impuestos los despilfarros megalómanos del Sr. Gallardón, a quien le parecía poco el Ayuntamiento antiguo y se quiso quedar con el Palacio de Correos, y arreglarlo con una cuantiosa inversión a costa del contribuyente, por favor, será por dinero, no vemos con tan buenos ojos los resultados, ni nos gusta el déficil igualmente espectacular que nos dejó. Para pagar estas cosillas, eL IBI ha subido el doble, y de la tasa de basuras, ni hablamos.
    Y sí, me quito el sombrero ante el Sr. Gallardón, pero por su manifiesta habilidad para conseguir que los medios de comunicación oculten este detalle del déficit, de su megalomanía, de su desprecio por la normativa y de su desastrosa gestión en el Ayuntamiento de Madrid, igual que ocultan sus desmanes cotidianos en el Ministerio de Justicia, bien conocidos y denunciados también cotidianamente por los operadores jurídicos que claman en el desierto. Personalmente me niego a separar la belleza del coste económico y los resultados sociales; y, si a eso vamos, muy bello puede ser también, con una exquisita belleza decadente de arquitectura industrial inútil y fantasmal, un aeropuerto vacío, fruto de mala gestión, corrupción y chanchullo. Y por cierto, que yo sepa, nadie viene a Madrid a ver el Palacio de Correos, que por fuera está igual que antes y por dentro no es en su mayor parte visitable.

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