La procesión cívica, unida siempre a la acción de gracias a Dios


senyera* En la catedral o en la capilla de Sant Jordi del Centenar de la Ploma, el Te Deum nunca faltó en las celebraciones de la conquista de la ciudad a los musulmanes.

La celebración del 9 de octubre, en la que tantos años después recordamos la conquista de la ciudad de Valencia y el nacimiento del Reino del mismo nombre, ha estado siempre unida a una vertiente religiosa. En realidad, más allá de la pólvora y los dulces, ligados intrínsecamente a la fiesta de Sant Donís, la procesión cívica que constituye el núcleo de la fiesta no tiene otro sentido que el de ir a una iglesia con la simbólica Senyera.  Obviamente, esa visita es para dar gracias a Dios por haber hecho posible la conquista de la ciudad a los musulmanes, y también para implorar la protección del Cielo sobre el Reino construido a partir de esa victoria militar.

Las interpretaciones de nuestra fiesta autonómica son variables, acomodaticias y se pueden adaptar a las costumbres y a los tiempos. Pero su esencia es elemental y en modo alguno debe ocultar bajo un barniz que no sea histórico: el 9 de octubre de 1238, Jaime I ganó a los moros la ciudad de Valencia. Y después cumplió su misión, largamente preparada, de fundar sobre esa ciudad un Reino que fue repoblando de cristianos.

 Por esa razón, todos los documentos que hablan de las celebraciones medievales del 9 d’octubre incluyen una procesión cívica con itinerarios que salen y mueren en la Catedral, donde conservaban y exhibían los recuerdos del Rey. La “Festa del Estendart”, de Mallorca, es similar en todo. En Valencia se salía por “lo portal de la plaça de la Fruyta”, es decir por la de la Almoina, y se regresaba “per la plaça de las gallines”, que es la que se corresponde con la Puerta de los Apóstoles. Y como Juan de Antaño recordaba en el periódico “Las Provincias” del 8 de octubre de 1912, el itinerario transcurría por varios palacios nobles y por las parroquias de San Andrés y San Martín. Pero siempre tenía parada en la capilla de la Cofradía de Sant Jordi, donde se detenía.

La causa no es otra sino que Sant Jordi era el patrón de la Cofradía dels Ballesters del Centenar de la Ploma, compañía de ballesteros, luego de arcabuceros, creada en 1365 para ser la guardia que llevara la Senyera, la enseña del Rey, cuando se entraba en combate. Las investigaciones de Francesc Sevillano Colom dieron luz en su día a esta singular tropa y las del cronista Luis Cebrián son las que mejor se han ocupado de las procesiones cívicas. Que tuvieron siempre un esplendor inusitado, porque el Centenar iba disparando cohetes y arcabuzazos y la Generalitat se ocupaba de que se dispararan por miles desde las torres de Serranos, el Micalet, los campanarios y terrazas de la ciudad, adornados con hachones, farolillos de papel y amenizados por grupos de músicos. En el año 1500, por poner solo un ejemplo, se compraron 63 gruesas (una gruesa son doce docenas) de “voladors” y 28 y media gruesas de “trons i tronadors”. Una verdadera “cordá” estilo Paterna.

No había monumento a Jaime I, porque el que tenemos ahora es de 1871. La procesión cívica, en ocasiones incluía la espada desnuda del Rey, su escudo y sus espuelas. Estos materiales, depositados junto al Penó de la Conquesta, en la Roqueta y más tarde en la Catedral, (ahora en el Ayuntamiento) eran bienes preciados de recuerdo del fundador del Reino. De modo que la comitiva iba por las callejuelas del centro hasta la Cofradía de Sant Jordi, ubicada donde está ahora el Teatro Principal.

Con todo, durante años se dio al 9 d’octubre un esplendor muy especial. Hasta el punto de hacer que la Catedral fuera el centro de la celebración religiosa. Igual que se hace ahora, se cantaba un Te Deum, que es la oración de gracias a Dios de los cristianos. Presidía el obispo generalmente. Y después intervenía un orador sacro, especialmente contratado, que desplegaba, quizá durante una hora o más, el “Sermó de la Conquesta”, una charla-arenga en la que el religioso glosaba las razones específicamente cristianas del hecho de conquistar a los musulmanes nuestra ciudad, para cambiar en ella el signo de la religión y, unido a ello, transformar la sociedad y la civilización desde los cimientos. Son diversos los estudios que hay sobre este sermón extraordinario y hay publicados algunos de ellos, especialmente cultos y solemnes.

LAS PROVINCIAS. 9 OCTUBRE 2012. F. P. PUCHE

http://www.lasprovincias.es/hemeroteca/noticias/la%20procesi%C3%B3n%20c%C3%ADvica%2C%20unida.html

 

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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Una respuesta a La procesión cívica, unida siempre a la acción de gracias a Dios

  1. Salvador Chanzá dijo:

    Ojalá todos los valencianos conociéramos nuestra historia. Hasta nos podríamos habernos evitado este año, de penosas renuncias a portar la Senyera

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