La Trinidad, recóndita armonía

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Contra lo que se pudiera pensar, las cuatro monjas clarisas que siguen sus reglas de clausura en el Convento de la Trinidad no están inquietas por el inicio de las visitas turísticas. Por el contrario, saben que la presencia de visitantes es una obligación fundada en el hecho de que el monasterio sea patrimonio nacional. Y, por añadidura, tienen muy claro que solo el público, al penetrar en su recinto, va a salvar su maltrecha economía y permitir que se realicen algunas restauraciones necesarias.

Daniel Benito Goerlich lo explicó el primer día de un modo muy claro: si la Generalitat no puede intervenir en la organización de las visitas guiadas al monasterio, hay que dar paso a la empresa privada. Y así se ha hecho: Amparo Santonja, una acredita especialista del sector turístico y cultural, ha tomado las riendas de la organización y difusión de un proyecto que consiste en que el mayor número posible de valencianos y turistas conozca esta joya cultural sin molestar a las cuatro religiosas que lo habitan.

Son las herederas de una tradición que se inició en el siglo XV, cuando María de Castilla, la esposa de Alfonso el Magnánimo, vivía en el monasterio y estimulaba en él una vida cultural y religiosa de muy alto nivel, núcleo de la Valencia más admirada y respetada, la del Siglo de Oro: Jaume Roig, Joan Roiç de Corella, Isabel de Villena…

La Trinidad –recóndita armonía– era un lugar lleno de secretos. Siempre lamentábamos que la férrea clausura impidiera acceder más allá de la iglesia. Alguno de esos misterios reservados ya se han desvelado en el curso de un recorrido que es, en suma, muy interesante. Se lleva al turista por la iglesia, el claustro, la tumba de la reina, el aula capitular y el refectorio, en el curso de una gira donde se le suministra información cultural, religiosa, artística, literaria e histórica muy bien preparada.

El visitante sale del recinto admirado por el peso de siete largos siglos de cultura, enamorado del tesoro que se le ha permitido ver… y convencido de que, conquistados algunos secretos, el monasterio encierra, afortunadamente, muchos más. Si bajo el suelo hay criptas, accesos a la tumba de la reina e incluso un refugio de la guerra civil, por el “cielo” está el espacio transitable entre las nervaduras góticas y los techos barrocos, el acceso al campanil gótico y –eso es lo hermoso de estos lugares con magia— cien sitios recónditos más.

Para reservar visitas, Amparo Santonja: admin@monasteriotrinidad.es

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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Una respuesta a La Trinidad, recóndita armonía

  1. Salvador Chanzá dijo:

    una joya que estaba esperando visitar

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