Suárez en el recuerdo

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La muerte del presidente Adolfo Suárez obliga a una evocación de la España de 1976 en la que emprendió la abrumadora tarea de la transición. En las páginas 116 y siguientes del libro “Tal como éramos. La Valencia de los años 70”, intenté reflejar el ambiente en que Suárez comenzó a aplicar sus cambios sobre la estructura del franquismo, y el clima político que se respiraba en la Valencia de aquel momento. Sirvan estas líneas como homenaje al gran político desaparecido:

EL PRESIDENTE SUÁREZ HACE EL MILAGRO

  “En junio de 1976 una portada de “Cambio 16” causó escándalo: el Rey aparecía como Fred Astaire, bailando claqué entre rascacielos. Era el tiempo en que Juan Tomás de Salas confiaba plenamente en José Oneto y Pedro J. Ramírez para editar su revista; era el tiempo en que aquél Rey, al regreso de su viaje, iba a tomar una decisión trascendental: aceptar la dimisión de Carlos Arias como presidente del Gobierno.

  “Quizá el rey ha pensado que ha llegado la hora de tener un presidente propio”, señaló  Emilio Attard a los periodistas que le preguntaron. La sensación de alivio y cambio se extendía: “Es una crisis que tiene caracteres de traumática”, dijo Miguel Ramón Izquierdo. “Arias no encajaba en el tipo de reforma que se intentaba llevar”, opinó Manuel Sánchez Ayuso. Joaquín Muñoz Peirats fue bastante  más radical y certero: “La reforma con la que se quería hacer comulgar al país era un invento inaceptable”.    Curiosa España la de ese momento en la que los líderes daban su opinión y los periodistas ponían tras sus nombres las siglas de un partido que no estaba aún legalizado aunque se toleraba. Porque desde junio había una ley de Asociaciones Políticas que era rechazada por las fuerzas de oposición que reclamaban la legalización de todos los partidos.

  El 7 de julio los periódicos daban en portada la novedad: Adolfo Suárez, designado presidente del Gobierno. Aunque se había hablado de Areilza, de Silva Muñoz o de Fraga, el Rey había podido alcanzar finalmente su deseo de situar en la presidencia al joven y prometedor político que había dado sus primeros pasos con Herrero Tejedor. “Lo que el rey me ha pedido”, que escribirá ese estratega de la transición llamado Torcuato Fernández Miranda.

— !Qué error, qué inmenso error !

  La frase se ha hecho famosa con los años. La escribió Ricardo de la Cierva, que luego llegó a ser ministro del propio Suárez.

— Me lo creí. A propósito de una encuesta temprana, tengo unas declaraciones en “Las Provincias” en las que afirmo que confiaba en su juventud y en su manifestada voluntad de llevar adelante la transición.

   Manuel Del Hierro figura entre los que pusieron fe en las cualidades y buena voluntad del nuevo presidente, que no fueron todos precisamente, sino una escueta minoría. Para muchos, era el momento de la inflexión: el gran debate de la oposición había sido, aún era en este verano de 1976, si había que proceder a una ruptura con el régimen que se perpetuaba a través del gobierno esclerotizado de Arias o si, por el contrario, se trataba de pactar unas condiciones para una transición y dar algún tiempo hasta que se alcanzara una reforma hecha desde dentro del mismo sistema.

   Era sumamente difícil. Era improbable y hasta increíble para gran parte de los observadores. A la izquierda, Suárez tenía enemigos e incrédulos. Y a la derecha, la franja de inmovilistas del franquismo se dividía entre los que creían que acababa de llegar un traidor y los que esperaban con placer su fracaso. Eran muy pocos los que creían que Suárez conseguiría llevar a España, realmente, a  una democracia occidental. Pero el nuevo presidente se puso a intentarlo.

   El 12 de julio de 1976, una gran manifestación recorrió las calles de Valencia. La convocaba la Taula de Forces Polítiques i Sindicals y reclamaba “llibertat, amnistía, estatut d`autonomía i sindicat obrer”. En este caso se habían pactado las reglas con el gobernador: la manifestación se consentía a cambio de que no hubiera muchas banderas rojas o que estas estuvieran compensadas por otras. Una comisión reducida, con el sindicalista Del Hierro a la cabeza, entregaría los pliegos de firmas al presidente de la Audiencia y un representante de los independientes, Lluis Font de Mora, leería el comunicado de cierre de la marcha.

— Estaba todo arreglado. Lo habíamos hablado con el gobernador Mariano Nicolás. Y hasta le habíamos pedido que hubiera un enchufe eléctrico preparado, en la Audiencia, para que se pudiera leer el comunicado a través de unos altavoces. La policía estaba nerviosa, pero esta vez estaba todo pactado.

  José Antonio Noguera recuerda que la manifestación se pudo hacer esta vez. Discurrió entre la plaza de San Agustín y la Audiencia, convocó a mas de 80.000 personas, y aquella fue para muchos una tarde inolvidable. El instante del paso por delante del teatro Principal ha quedado inmortalizado por varias fotografías tomadas desde las rejas del Banco de Valencia a las que los reporteros se encaramaban. Ángel Carrasco, Vicente Fayos, Salvador Barber, Francisco Valenzuela, fueron algunos de los periodistas que subieron a la Audiencia y entrevistaron a su presidente, Carmelo Quintana, que señaló que esta vez había sido un gran placer poder recibir los pliegos con 40.000 firmas que pedían al Gobierno amnistía y libertad, autonomía y sindicatos libres.

— Hasta le habíamos asegurado a don Carmelo, un santo varón, que estuviera tranquilo, que al final iríamos. Lo que pasa es que, cuando estábamos cerca de la Audiencia, Manolo Broseta y yo nos dimos cuenta que nadie llevaba las firmas. ¿Dónde están las firmas? ¿Quién tiene los pliegos con los miles de firmas? Estaban en el despacho de Serafín Ríos y nadie las había recogido. De manera que Manolo y yo salimos de la manifestación y nos fuimos corriendo a recogerlas para luego llegar, cuando ya estaba la masa de gente ante la Audiencia, pasar entre el público y subir al despacho del presidente a entregarlas.

  Pocos días después, los fotógrafos pudieron hacer otra instantánea para la historia: la mayor parte de los convocantes de la manifestación acudieron a declarar a la Jefatura de Policía porque se habían observado banderas, gritos y pancartas que se alejaban de las previstas en la autorización.

José Antonio Noguera recuerda su entrevista con la policía:

— Como tantas cosas de esos momentos de la transición fue una visita a Jefatura un poco chusca. Porque a mí, por ejemplo, me dijeron que en la manifestación había habido muchas banderas “coloradas”, porque decían coloradas, no rojas. Y yo les decía “¿pero cómo saben ustedes que son banderas rojas si me están mostrando una fotografía en blanco y negro”?

   La foto que la prensa publicó les muestra radiantes, satisfechos, jóvenes y felices, en la Gran Vía de Fernando el Católico. Carles Dolç, Josep Guía, Vicent Garcés, Laura Pastor, Celeste Juan, Manuel Broseta, Lluis Font de Mora, Sanmartín, Francesc de Paula Burguera, José Luis Albiñana, Manuel Castellano, José Antonio Noguera, Ernest Sena, Vicent Ruiz Monrabal y Doro Balaguer posaron juntos. En días sucesivos acudieron a jefatura los demás organizadores: Manuel del Hierro, Joaquín Muñoz Peirats, Víctor Fuentes y Manuel Sánchez Ayuso.

   En el último día de julio, Suárez concedió la amnistía pedida por docenas de manifestaciones en toda España y empezó a ganar credibilidad a los ojos de todos. La reconciliación comenzó a ser observada como una posibilidad por miles de españoles. La Universidad volvió a admitir a profesores sancionados años atrás — Tierno Galván, Aranguren, Gil Calvo– y la llegada de exiliados se hizo más frecuente y normal. En unos pocos meses más, Adolfo Suárez cambió la orientación general de España haciendo el milagro que se consideraba imposible: convencer a las propias Cortes orgánicas del franquismo de que aprobasen una ley que suponía la disolución de la arquitectura jurídica trabada por Franco, durante décadas, en la maraña de las Leyes Fundamentales. El 18 de noviembre, las Cortes aprobaron su propia disolución por 425 votos a favor, 59 en contra y 13 abstenciones.

  Pocas semanas después, el 15 de diciembre, los españoles aprobaban abrumadoramente la Ley de Reforma Política mediante un referéndum que registró una participación del 77’6 por ciento. Los españoles habían decidido ponerse en la senda de la democracia”.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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