El IVAM

IVAM. MARKUS LUPERTZLa marcha de Consuelo Ciscar del IVAM, igual da que haya sido forzada, voluntaria o consensuada, viene a poner sobre la mesa algunos hechos relevantes que la Generalitat va a tener que abordar, cuanto antes mejor, como consecuencias inevitables.

 El primero es el vacío que deja la que formalmente será directora de la institución hasta finales de mes. Como seguramente se verá, no va a ser sencillo, nada sencillo, conseguir la presencia en Valencia de una persona capaz de desplegar la capacidad de acción, convocatoria y gestión que Consuelo Ciscar ha desarrollado a lo largo de nueve ejercicios consecutivos; porque si los dos primeros fueron de bonanza económica evidente, los siete que le han correspondido después al Instituto Valenciano de Arte Moderno han sido de paulatino descenso presupuestario. Si en el año 2007 el IVAM llegó a disponer de 14,5 millones de euros, esa cifra ha quedado reducida apenas a 5’5 millones en 2014. Y es evidente que aunque se pueden y se deben dirigir todas las instituciones públicas con austeridad e imaginación, la directora saliente no alcanza el límite de los milagros.

Es dudoso, pues, que el concurso internacional que se prepara para sustituir su figura después del verano, haga milagros por sí solo. Quien venga, podrá superar a la directora saliente en muchos valores y méritos académicos; pero difícilmente va a lograr la capacidad de adaptación a unas circunstancias de penuria económica que el IVAM y todo su equipo han exhibido con una resistencia espartana ejemplar. La hipotética traída a Valencia del mejor experto del mundo –que solo sería posible “a golpe de talonario”, como en el fútbol, los toros o la ópera— no obviaría por sí sola un reto evidente: al Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona el ministerio de Cultura le adjudica un presupuesto anual de 900.000 euros y al IVAM, un museo más antiguo y de mayor calidad, le concede solo 159.000 euros. Esa agraviante desproporción responde solo a las raíces viciadas de nuestra política; y son los políticos los que la tienen que resolver.

Reto, importante reto el que la marcha de Consuelo Ciscar ha dejado sobre el tapete. Porque no deja un cargo vacante, sino el vértigo de saber qué queremos hacer los valencianos, durante las próximas décadas, en materia cultural.

 La Generalidad, la que tiene que decidir cómo habrá de ser el futuro de esta región tras siete largos años de penurias de todo tipo, está llamada a seleccionar cuáles son los referentes culturales internacionales de la ciudad de Valencia para, después, dotarlos con dignidad y hacer que su vida sea sostenible gracias a unas reglas de mecenazgo adecuadas. Las personas, los gestores, lleguen a la dirección por concurso o por designación, son menos relevantes que el hecho primordial que se persigue. Que no es otro que una apuesta decidida de la Generalitat por dos piezas fundamentales del abanico cultural de la ciudad de Valencia: el Palau de les Arts y el Instituto Valenciano de Arte Moderno.

(Publicado en “Las Provincias”. 13.04.2014)

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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