Un día de España

reyes

Cuando fui a por los periódicos, la gente estaba tomándose el cortado como en cualquier otro día normal. Cuando eché el bono loto, cuando recogí la barra de pan, la mañana era perfecta, el Metro circulaba a su hora y cada uno estaba a lo suyo. En el río corría la gente y en el puente de las Artes había siete autobuses, la señal de que este jueves era día de cruceros en el puerto. Un empleado de la limpieza se ajustó los auriculares y yo no me atreví a preguntarle si escuchaba Radio Marca, con lo de la Roja, una sinfonía concertante o la proclamación del nuevo rey a través de Radio Nacional.

En casa me senté ante el televisor. Me inquietaba, como a otros muchos, que todo saliera bien, que no resbalara un caballo, que nadie de la política sacara los pies del tiesto, que los periodistas de la retransmisión  estuvieran atinados, que el nuevo Rey, en fin, dijera lo que tenía que decir, fuera juicioso y respondiera a las necesidades actuales de España. Y hora y media después, terminada ya la ceremonia del balcón del Palacio Real, apagué el televisor y di las gracias porque en España, una vez más, habíamos demostrado al mundo que, cuando nos lo proponemos, somos capaces de hacer las cosas bien. Como en la Transición, como aquel arquero que tiró la flecha que encendió el pebetero, como la victoria de Sudáfrica, como la llegada del AVE a Valencia o el Oscar de Almodóvar o Garci.

Con calma y sin estridencias, con organización y serenidad, hemos sabido llevar bien, incluso, un proceso tan delicado como un relevo en la monarquía y en la jefatura del Estado, algo que, habitualmente, se produce a través del traumatismo de la muerte. Hubo un buen discurso del presidente del Congreso y un magnífico, completo, emocionante discurso del rey Felipe, que abrió un nuevo tiempo en la historia vieja de un país que, durante siglos, ha tenido un buen pueblo con el que muchos de sus reyes y gobernantes no han sabido estar a la altura.

Nueva etapa, nuevo siglo, nuevo rey. Y una Constitución que lo preside todo. Para empezar, cada uno de los pasos, gestos, decisiones, opciones y valores que articulen la vida y el quehacer del monarca. Saber retirarse, saber dar el relevo, saber servir y luego apartarse, es un arte poco agradecido y muy difícil, da igual que hablemos de profesionales, políticos, autoridades o monarcas. Estos días, en España, los Reyes y su pueblo están aprobando, con muy buena nota, la asignatura del relevo en la Corona. Y eso, que no es otra cosa que el fruto de la sensatez sumergida en una democracia civilizada, es lo que permite el virtuoso aburrimiento de la cotidianeidad: comprar el pan, leer periódicos libres, pasear por el barrio, recibir cruceros con turistas, trabajar cada uno en lo suyo.

¿Que en la España de 2014 hay muchísimos problemas? Desde luego. Pero los estamos resolviendo y al final se van a arreglar. Hoy tengo menos dudas.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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