Ramón de Soto, “Al otro lado”

autorRamón de Soto ha muerto y me doy cuenta que ya echo en falta sus vigorosos, proteicos apretones de mano. Porque el catedrático de Escultura era dueño de unas manos poderosas, de palmas anchas y fuertes; unas manos-herramienta forjadas en el trabajo con instrumentos contundentes sobre la rudeza del acero, de la piedra, del corte y la soldadura. Pero toda esa potencia se completaba con una serie larga de virtudes intangibles: una honda sensibilidad estética, una constante capacidad de exploración sobre la belleza y el equilibrio, una fascinante habilidad para la visión espacial… y, lo más importante, una humanidad comprensiva y ancha, disponible y abierta. Ramón era, en la proximidad, el hombre que lo ha visto todo, o casi todo; el que lo ha experimentado todo, o casi todo… De modo que aceptaba enseguida los puntos de vista contrapuestos, perdonaba sin doblez los defectos ajenos, disimulaba con humor las faltas más evidentes. Ramón, ahora lo veo claro, pensaba mucho sobre el ser humano y el hecho cultural: exploraba, a veces en jugosos soliloquios, ese espacio de acción donde las gentes manifiestan su sensibilidad, su deseo de proyección y superación, el instinto que les lleva a crear belleza… Y desde una bondadosa comprensión, podía pasar al rechazo radical, a la queja rebelde, cuando se hacía evidente el desprecio a la cultura, el recorte presupuestario insensible, el retraso que relega y hace secundaria la formación cultural.

Claro que Ramón, en aquellos años tan duros, se formó en una doble lucha, si queréis revolucionaria, que no disociaba la estética de la libertad. Los que negaban la libertad negaban la cultura. Y viceversa. De modo que el camino, aunque fuera difícil, era y ha sido siempre muy claro: solo se pueden construir seres libres desde la formación y la cultura. Solo se conciben seres con capacidad de opción y decisión desde el cultivo de la personalidad ética y estética. Promover, pues, el conocimiento, la investigación y la cultura, fomentar los espacios de libertad artística y las capacidades de aprendizaje, han sido su vida. En la Fundación Frax de l’Alfàs, donde tiene una sala de exposiciones que lleva su nombre, asistió el viernes por la tarde a una inauguración. Allí ha quedado la obra de Ramón de Soto como testimonio de un trabajo denodado. En la playa abierta y libre del Albir, donde el artista ha muerto repentinamente, queda el premonitorio título de la última exposición en la que ha participado: “Al otro lado”.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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