Misterios de la ciudad: el temblor de la plaza de Pellicers

dibujo del proyeco de la avda del oesteEl viejo edificio de la “CENS”, el bloque de la avenida del Oeste, número 36, que fue sede, en Valencia, de la Central Nacional Sindicalista (CNS) es ahora epicentro de una serie de temblores, inquietantes a decir de los vecinos, que especialistas de la Universidad Politécnica están estudiando estos días armados de acelerómetros. Los vecinos aluden, es probable que con razón, a la existencia de dos estacionamientos baron de carcer la CNSsubterráneos en la zona: sin necesidad de que ocurra nada peligroso, el paso de vehículos pesados sobre el techo de los extensos garajes puede determinar que haya vibraciones en lo que ahora es sede de la consejería de Bienestar Social. Mientras los técnicos estudian, podemos recordar que esa encrucijada que forman la avenida del Oeste, la calle del Hospital y la de Quevedo fue en su día la plaza de Pellicers, bien conocida, y muy popular, hasta los años cuarenta. Con la plaza de Pertusa, presidían un dédalo de callejuelas, con edificios de muy escaso valor estético, donde estaba asentada la prostitución. Todo el conjunto fue derribado para que naciera la avenida del Barón de Cárcer, popularmente avenida del Oeste, que entre 1943 y 1960 avanzó hasta llegar al Mercado Central.

El arquitecto Javier Goerlich dirigió la apertura de la avenida, proyectada muchos años atrás, y construyó parte de los edificios para promotores valencianos. En 1945, uno de los proyectos en los que trabajó Goerlich fue, por demanda de los Hermanos Pedro, Roberto y Luis Calvet Busó, el de la construcción de un edificio en el número 36 de la avenida. Pero según recoge un interesante libro de David Sánchez Muñoz el proyecto se frustró y el solar fue vendido para que se levantara en él la sede valenciana de la Central Nacional Sindicalista (CNS). En el que entonces se consideraba “colosal” edificio de oficinas se forjó una leyenda: había un león suelto y cada día se comía a un funcionario enchufado en los Sindicatos oficiales; pero el número de oficinistas que atestaban el bloque era tan grande que tardaron más de dos años en percatarse de la presencia del hambriento león.

El nombre de la plaza de Pellicers no aporta datos especiales que se puedan relacionar con los temblores del suelo. Así como doscientos metros más arriba aparecieron más de 250 tumbas romanas en la necrópolis de la Boatella, aquí no hay leyendas ni hipotéticos fantasmas que avalen la vibración. En la plaza de Pellicers dicen unos eruditos que hubo una era a las afueras de la muralla musulmana; otros hablan del oficio de los que aderezaban pieles y preparaban odres, pellejos y botas de vino, y otros se remiten a la familia de los Pellicer, una de las sagas llegadas durante la Conquista.

Anuncios

Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
Esta entrada fue publicada en de buena tinta y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s