Mr. Turner: reconciliación con el cine

turner big-2026En ocasiones, a veces de tarde en tarde, llega una película que te hace reconciliar con el viejo cine, que te devuelve la antigua admiración por un medio que está siendo desvirtuado, o enajenado, por los excesos truculentos de los ordenadores y las trampas de los efectos especiales. “Mr. Turner” es la vida de un excepcional pintor inglés. Pero es, sobre todo, el sensacional pretexto para volver a hacer un cine verdadero, asentado, riguroso y de altísima calidad. Cine sin ruidos ni carreras, contado sin prisas, con secuencias que duran lo que deben durar, con diálogos preciosamente escritos (y muy bien doblados, por cierto) con los que los protagonistas hablan como se hablaba en su momento, culta, serenamente.

Se ha hecho bastante cine sobre pintura y pintores. Las vidas apasionadas de los artistas han dado mucho juego por lo general. En “Mr. Turner” estamos ante un altísimo ejemplo de perfección, que estudia la personalidad compleja, arrebatada, de alguien que quería pintar “otras cosas” y sentía de un modo muy distinto, adelantado a su tiempo, la interpretación de la naturaleza y la trasposición a los lienzos de la luz y las emoción de los colores. Pero, una vez más, el pintor del mar y los cielos perturbados es una excusa, un medio con el que el director, Mike Leigh, se adentra en el romanticismo y el paisaje. Así, acompañando a Turner en sus excursiones al campo y en su compleja intimidad familiar, conoceremos el rigor y los celos de la Royal Academy, la fascinación por el estudio de la luz y la naturaleza, la forma de pintar artesanal de hace dos siglos, los modos de ganarse la vida de los artistas y el choque vital ante la llegada de los buques y los ferrocarriles de vapor o ante el desafío de la fotografía. Mientras, Turner, pugnará por buscar y buscar el modo mejor de expresar su emotividad artística: con pinceles, con los dedos, escupiendo incluso sobre el papel que reclama humedad.

Ni que decir tiene que la contrastada capacidad del cine británico para reconstruir épocas y ambientes es el sustento de esta película donde no se escapa ni el detalle de un botón. Todo está en su sitio, todo está perfecto. Sin necesidad de truculencia ni trucos, trabajando honradamente con una cámara que filma, el espectador aprende y disfruta. Secuencias como la de la interpretación de Beethoven, la fiesta literaria en la casa del marqués o la tertulia sobre pintura y naturaleza en el gabinete literario son de las que merecen las más altas recompensas. Todo eso, está servido en bandeja por un plantel de actores donde el protagonista, Timotty Spall, o ganará un Oscar o dejará en evidencia el valor de la Academia de Hollywood. Y todo está filmado con una adaptación a la pintura vaporosa de Turner que en ocasiones parece que ha sido el propio pintor, resucitado, el que ha dado instrucciones al equipo de fotografía.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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