Las fallas de 1898

1898 hort d'ensendraLos periódicos escribían falles, en cursiva, como señalando una distancia que no solo era gramatical, sino que separaba lo elevado de lo  popular. Es lo primero que llama la atención al leer las breves reseñas falleras del año 1898, unas cincuenta o sesenta líneas, a una columna, porque el asunto no daba para más. Las fallas del año 1898 fueron diez en total y la que arrasó entre los gustos del público fue la del Hort d’Ensendra, “alusiva al juego del coín, que es a la que la comisión del Rat-Penat adjudicó el premio de esta corporación”, según se lee en “Las Provincias”. El juego del coín era el billar. O mejor, las apuestas que se cruzaban a favor de unas señoritas que lo jugaban. La falla mostraba una gran mesa de billar y cuatro figuras, dos de muchachos a la moda, conquistadores que entonces se llamaban “gomosos” por la gomina del pelo; y dos muchachas insinuantes, que jugaban al billar,  levantaban apuestas por doquier, y con sus modelos y modales con el taco, con sus inclinaciones al “picar bola”, enseñaban algo, insinuaban mucho…

La falla, de Pedro Ferrer Calatayud fue enseguida la más llamativa, popular y picante. Por encima de las que se llevaron los primeros premios, instaladas en las plazas de la Pelota y de las Barcas. Estas dos, estaban muy bien realizadas pero se referían a la guerra de Cuba y Filipinas, asuntos sobre los que la gente, a estas alturas de la guerra, ya tenía la gran derrota asumida de antemano.

 “Las Provincias” nos informa que  “el alcalde, que recorrió por la mañana las calles y plazas donde están instalados los autos de fe, hizo que se introdujeses en ellas algunas modificaciones”, una intromisión directa, imposible de imaginar en el siglo XXI. No sabemos lo que la primera autoridad municipal dejó o quitó: lo que sí se sabe, por que se publicó, es que la gente se negó a que se quemara la falla de Ensendra en la noche del día de San José; que quería verla más y más, aunque a la puerta se recaudaba la voluntad, y que quería indultar del fuego al menos una parte, sin duda los ninots de las muchachas. El alcalde, en vista de cómo pintaba el asunto, transigió: la falla se quemó el 20 de marzo. Pero entera: no aceptó la autoridad que nadie salvara del fuego ninot alguno. Las órdenes fueron “terminantes”. El alcalde “no ha querido prolongar la vida de los monigotes sentenciados por el voto unánime de la población”.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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