“Milacres”

DSC_0033Desde luego que sí. Que Vicente Ferrer, el dominico valenciano, sigue haciendo un montón de milagros cada año, es un asunto sobre el que no cabe duda. Porque para empezar ya es un gran milagro que en medio de esta globalización que anula cualquier matiz particular, siga existiendo una fiesta como la de Sant Vicent Ferrer, respetada en todo el antiguo Reino de Valencia; y acompañada, de forma admirable, por esa constelación de celebraciones y tradiciones que lleva detrás.
Como siempre hemos dicho, son “milacres de Sant Vicent”. Hechos asombrosos que nos hablan de una sociedad que, a pesar de las mil DSC_0120“tentaciones” del momento, a pesar de los chalés, los apartamentos y los viajes al Caribe o la nieve, no quiere romper con un conjunto de estimables tradiciones domésticas y las mantiene, con humildad y esfuerzo, cuando la primavera llama a la ciudad.
¿Ustedes se imaginan una tradición como nuestros “milacres” situada en cualquier ciudad medieval de Alemania, Italia o Francia? ¿Se imaginan qué solemnes declaraciones de protección oficial, qué respetuosos estudios universitarios, qué corrientes turísticas se despertarían a la llamada de “una tradición de teatro popular primitivo que pervive representado por niños”? Si no ha faltado quien, desde los círculos académicos, ha buscado y encontrado esas raíces medievales para los DSC_0252retablos que estos días salen a la calle en Valencia, lo verdaderamente curioso es que no estamos hablando de un teatro antiguo fosilizado por alguna razón especial, sino de un festival vivo para el que se siguen escribiendo obras nuevas y para el que, hace apenas dos días, por impulso de Lo Rat Penat, se reunió un jurado que ha dictaminado premios, como cada año.
Solo con el argumento clave de la gran plataforma moral que sostiene la fiesta –la conservación y fomento de la lengua valenciana que “els milacres de Sant Vicent” hacen entre los niños y jóvenes—habría bastante para que se redactaran tesis doctorales, los ministros de Cultura hicieran una productiva visita de fin de semana y los turoperadores organizaran no ya viajes para conocer una fiesta ancestral, sino un original Festival de Teatro Infantil, único en Europa.
Las esforzadas asociaciones que han conseguido la pervivencia de “altars de Sant Vicent” en calles y plazas vienen siendo protagonistas, un año tras otro, de un verdadero “milacre” de valentía y organización, de tenacidad en la obtención de recursos. Y desde luego se hacen acreedores de mucho más afecto, de mucho más respeto, y de más espectadores, que los que tienen cada año. Porque con ayudas muy modestas del Ayuntamiento y la Diputación, Lo Rat Penat y las entidades llamadas “Altars”, son capaces de poner a flote, en apariencia de forma milagrosa, una fiesta atractiva y singular en el Siglo XXI. Pero en Valencia, ya se sabe, hacemos milagros como si nada. No damos importancia a esa parte de riqueza natural y espontánea que atesoramos, y a veces dramatizamos sobre carencias que, bien miradas, no lo son.

(Publicado en “Las Provincias”. 12 abril 2015)

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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