Dinero y poder

1950 app fachada ayuntamiento arbolesDinero, dinero, pedíamos el martes para el futuro de la Valencia que queremos. Hay quien se emociona viendo cómo crecen en el Turia los kilómetros reservados a los andarines, que está muy bien, pero uno es más pragmático y lo que le mueve hasta la lágrima es el presupuesto municipal. Y sobre todo, dentro de él, la pechuga: el emocionante capítulo de inversiones. Pero no hay por el momento candidatos electorales que estén pidiendo para Valencia el dinero justo. Ni siquiera Rita Barberá ha dicho que es vergonzoso que Valencia tenga 803 millones de euros de presupuesto y Sevilla 909. ¿Quién será el primer aspirante a la alcaldía de Valencia que pedirá los lógicos, los moderados 1.000 millones que deberíamos tener frente a los 2.370 que tiene Barcelona y los 4.650 que hacen a Madrid nadar en la abundancia? ¿Cuándo le diremos a Rajoy y a Montoro que Valencia no necesita más cariño sino más dinero?

El dinero, señor Calabuig, no da la felicidad; pero la aproxima. El dinero, señor Giner, permite hacer carriles bici… o salvar la Roqueta. El dinero, señora Barberá, candidatos todos, salva la Ceramo sin más demoras y de paso da fuerza para exigir al Estado que amplíe de una puñetera vez el Museo Nacional de Cerámica, que tiene guardadas en almacenes unas 5.000 piezas de propiedad municipal. Dinero y Poder. Facultades, poder, capacidad normativa, competencias… Que tienen que empezar por el principio, por el régimen de Carta Municipal que tienen Madrid y Barcelona. ¿Pero qué es eso de que sea el conseller Buch quién dicte los horarios comerciales de Valencia? No hombre, no: que Valencia no es Benialfaquí… Valencia debe tener, a través de su régimen especial, facultades para eso y para mucho más. Por eso yo recomendaría entrar en la página web del Ayuntamiento de Barcelona, bajarse el régimen especial que tiene concedido por Ley 22/1998 (30 diciembre) y ver las facultades que el Estado le regaló, como a Madrid, en materia de infraestructuras, urbanismo, vivienda, horarios, etcétera. Facultades que, oído al parche, fueron  redondeadas por la Ley 1/2006, que adaptó la Carta al nuevo Estatuto catalán, hasta hacer de Barcelona –¡qué duda cabe!—una ciudad reconocida como indiscutible capital de la autonomía.

Que no le demos más vueltas, que no nos enreden con la reforma de la plaza de Brujas o con el ancho de las aceras de la calle de la Corona. Todo eso son detalles marginales, entretenimientos estéticos para voyeurs electorales. O vamos a setas o vamos a Rolex. Y en este caso, Valencia lo que necesita, en esta campaña electoral, es empezar a proclamar que tiene ambición de gran ciudad protegida por la legislación y el presupuesto que tienen Madrid y Barcelona desde la dictadura de Franco. Porque es eso, la pela, el poder, la autoridad de la ciudad, lo que de verdad cuenta, no si al dictador se le sostiene el “bunyol d’or”, la “piuleta i el tronaor”.

(Publicado en “Las Provincias” el 2 de abril de 2015)

 

Anuncios

Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
Esta entrada fue publicada en de buena tinta y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s