Días difíciles

genteHarta, extremadamente cansada, la opinión pública española está viviendo lo que sin duda son los días más difíciles de la democracia española desde la intentona golpista del 23-F. O desde los días inciertos en que ETA mataba por docenas ante el estupor de todos y el País Vasco parecía escurrírsenos entre los dedos. ¿Quién iba a decir que sería Cataluña la que, al final, terminaría por cruzar la delgada línea roja, el punto sin retorno en el que se salta la Constitución y se entra en el campo de los grandes delitos políticos?

Seguramente, habrá que achacarle la culpa al peor de nuestros males, la corrupción. Seguramente es el pavor a reconocer la propia miseria, la propia infección, la que ha llevado a Artur Mas, aprendiz y administrador necesario de los Pujol, a cruzar la raya.

Con todo, estamos teniendo mucha suerte. Porque la serenidad, la templanza, la gallardía, incluso la aparente indiferencia con la que el buen pueblo español está llevando esta semana para la historia son, del mal el menos, una gran suerte. Que por el momento, más fortuna todavía, está siendo acompañada por el comportamiento ejemplar de todos los partidos, bajo la muy acertada dirección de tres líderes: un Mariano Rajoy recompuesto de muchos errores, más dos jóvenes que aseguran en buena medida el futuro, Pedro Sánchez y Albert Rivera. Para mayor suerte todavía, los medios de comunicación no están dramatizando mucho lo que literalmente es una tragedia nacional; y todo se está sirviendo, o al menos yo así lo veo, con telediarios razonables, páginas ilustradoras y comportamientos en general sensatos.

No son fáciles de sobrellevar estos días de extrema complejidad. Pero un Mariano Rajoy inteligente ha sabido conectar con la medida de su responsabilidad para compartir con Pedro Sánchez algo más que fotografías tranquilizadoras. Que eso ocurra en puertas de una campaña electoral de cara o cruz es milagroso; pero solo está teniendo como consecuencia, la que más conviene: dejar fuera de la diatriba electoral lo que más podría crispar, en aras de poner en el centro del escenario lo que no se discute, que es el cumplimiento de la ley, la Constitución. A Pedro Sánchez hay que agradecerle, incluso, la reconvención a los presidentes autonómicos, esa inteligente vuelta al redil de los más renuentes, como Ximo Puig, quizá el último reducto de un socialismo bautizado con aguas nacionalistas en los años setenta.

La campaña electoral va a ser muy distinta, qué duda cabe. Incluso hay quien afirma que no va a existir. Pero antes de que se abra, al menos, tendremos la seguridad de contar con tres líderes que, si han sido capaces de gestionar lo mayor, que es la ley y su respeto en Cataluña, sabrán hacer de sobra lo menor, que es llevar los problemas del país y hacer una nueva Constitución si es precisa. En cuanto al Jefe del Estado, simplemente ejemplar. Después de recomponer el prestigio de la Corona, está escribiendo el suyo propio con honor. (Publicado en “Las Provincias”. 12 noviembre 2015)

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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