El Bataclán de Valencia, imperio de la picardía

001 ba ta clan de valenciaEn la tradición oral valenciana, de una generación a otra, ha pasado un nombre, el Bataclán, que los más mayores asocian a la picardía y el teatro de variedades. Oyeron su nombre por comentarios del abuelo y por el escándalo abierto de la abuela; pero no todos saben situar el lugar donde se hallaba ni el tiempo en que su fama de local escandaloso lo puso en el estrellato de la ciudad. La tragedia de París, el horrible 003 ba ta clan de valencia exterior 1934atentado al genuino teatro Bataclán, ha hecho recordar la existencia de una imitación valenciana que, de existir todavía, estaría celebrando ya su centenario. En efecto, el Ba-ta-clan, como se escribía en sus primeros tiempos, nació en la temporada teatral de 1916, como transformación de la Sala Martí, dedicada a Café cantante. “Era un poco expuesto dar al público un nuevo teatro sin exponerse a un probable fracaso”, dice un antiguo reportaje sobre la vida de la sala. Pero “la actividad y pericia de los entonces empresarios, don Vicente y don José Martí, obtuvieron, sorteando muchas dificultades, el éxito y económico y artístico más rotundo”, añade.

Los Martí tenían el negocio en la calle Pi y Margall, o sea en el actual Paseo de Ruzafa, números 3, 5 y 7; el edificio hacía esquina con la calle Mosén Femares, como se escribía entonces. Es decir, que ocupaba el espacio de los actuales Cines Lys. La inversión que se hizo, ciertamente era un riesgo en aquel momento de carestía y guerra europea. Pero Valencia estaba cambiando, la nueva estación de ferrocarril pronto iba a ser realidad y era preciso modernizarse y competir: en el actual Paseo de Ruzafa acababa de inaugurarse el modernísimo teatro Lírico y en la calle de San Vicente estaba atrayendo mucho público el novísimo teatro Olympia. De modo que los Martí, pese a la crisis económica, se arriesgaron a una renovación  que iba a usar un nombre mítico en el Paris acosado por la guerra: el Ba-ta-clan.

Inauguraron con la calidad de la compañía del Teatro de la Comedia de Madrid, “consiguiendo agotar el billetaje”. Pero muy pronto decidieron “consagrarse al cultivo de las varietés, desfilando por su escenario las más relucientes y deslumbrantes estrellas, entre las que figuraron Carmen Flores, la Argentinita, Raquel Meller, La Bilbainita, la Goya y Lulú”. Fue un éxito sin paliativos: los hombres hacían largas colas para la sesión de las tres y media de la tarde, y luego para los de las 10,30 de la noche. En pocos años, nació la fama que allí estaban los espectáculos predilectos de los naranjeros que, de buena mañana, venían a la ciudad a vender sus cosechas a los mayoristas que trabajaban ambulantes por los cafés de la calle de Xátiva, frente a la plaza de toros.

En la temporada de 1917, decidido con claridad ya el género, el local fue tomado en arriendo por la empresa Sixtina, un nombre interesante si pensamos que daba los espectáculos de vodevil más atrevidos de la ciudad. El gerente era Juan Ripoll y  el representante Andrés Álvarez; entre los dos, con la ayuda de vedettes cada vez más abiertas y generosas, convirtieron el teatro en un Music-Hall donde con el tiempo se dieron todas las modalidades de espectáculo imaginables, desde la revista hasta el boxeo, desde el malabarismo hasta el elemental strep tease. Sus dos funciones diarias hicieron de la calle de Ruzafa una especie de epicentro del pecado… venial.

Ba-ta-clán fue el imperio de la picardía, el escándalo de las buenas familias. Más que la prensa, sus promotores lo fiaban todo el boca a boca, que siempre mejoraba mucho el original. Y desde luego, a la noticia que los periódicos daban sobre las multas que el gobernador civil les reservaba en lo más alto del taquillaje. Con todo, el Bataclán, como la gente decía de carrerilla, puso sobrevivir a la larga dictadura de Primo de Rivera, entre 1923 y 1930.

Las páginas de “Las Provincias” recogen muchas de las resoluciones del celoso gobernador de turno. Durante la República, en 1931 y adelante, las reseñas indican que el celoso gobernador de turno iba en persona a ver el espectáculo y después, bien informado, resolvía la sanción. Las chicas, con todo, nunca dejaron de sorprender a los clientes, con provocativos atuendos, sal gruesa en abundancia y desnudos integrales… Si en el año 1925 triunfó la artista valenciana Teresita Pons, con la Morucha y Paquita Márquez, en la de 1928, inaugurada como era de rigor el Sábado de Gloria, llegaron a  trabajar 60 personas en escena, con dos o tres orquestinas y hasta cinco escenarios simultáneos.

En 1934, el Bataclán valenciano todavía dio una temporada brillante, pese a los conflictos y el estado de guerra del mes de octubre. Después, llegada la guerra civil y el franquismo, el espectáculo se extinguió para siempre.

Anuncios

Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
Esta entrada fue publicada en de buena tinta y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s