Los misterios del viejo cauce. (5) El espectáculo y sus riesgos

foto gancheros en el rio (4)El espectáculo de 15.000 o 20.000 troncos en el agua y, en ocasiones, más de mil gancheros cabalgándolos, debió ser en realidad grandioso. Pero en medio de las operaciones no había, no podía haber control sobre los curiosos. Al periódico “Las Provincias” le preocupaban los accidentes entre los muchachos que disfrutaban del espectáculo a su modo y se lesionaban con gran frecuencia: “Una turba de chiquillos, más atrevida de lo que la prudencia aconseja, anda a todas horas saltando de uno a otro madero, y como estos se encuentran muy resbaladizos por el hielo, no será extraño que ocurra algún desagradable incidente”, advertía. La mención  del hielo nos ofrece otro detalle, quizá más inquietante todavía, sobre el penoso trabajo, en enero, de unos hombres que, an1893 maderadate el puente de San José lo que hacían por costumbre era cegar con troncos y ramajes los arcos laterales y dejar expeditos solamente los arcos centrales del puente. Con esas maniobras hacían subir el nivel de agua y los troncos flotaban mejor hasta salir casi proyectados por los dos o tres arcos –en ocasiones solo uno quedaba libre—del puente de San José.

No hay más información sobre el suministro fluvial de 1878. Sí que encontramos, en febrero de 1882, que la prensa local hace nuevas advertencias sobre la chiquillería que acude al cauce del Turia a jugar entre los troncos de una maderada, mientras se trabajaba en su extracción a tierra. En este caso es el diario “El Constitucional” que afirma: “Como muy oportunamente dice un colega local, sería conveniente que algunos municipales dieran un paseo por los puntos desde donde pueden evitar las desgracias, algo frecuentes muchos años, a que se exponen los chiquillos que bajan al cauce a jugar con los maderos que el agua trae a flote”. El 24 julio de 1883, en medio de la Feria de Julio y de la Exposición Regional, pudo leer la noticia de que por el rio Xùquer había una maderada que pretendía llegar hasta la ciudad misma de Alzira, razón por la que había tensiones entre el alcalde de la ciudad, partidario de permitirlo, y el gobernador, que optaba por no hacerlo. No se conocen otros detalles del problema que se suscitó pero basta ver la fecha para entender que algo extraordinario debía estar produciéndose porque en verano no se autorizaba el movimiento de troncos por los lechos de los dos ríos valencianos.

Porque quince años después, en 1893, una ciudad que ya conocía la luz eléctrica y el teléfono, pudo ver en LAS PROVINCIAS dos líneas de información reveladora: “Don Francisco Corín ha solicitado del señor gobernador conducir a flote por el río Turia una partida de madera de su propiedad”. Nada más, no hay más detalles. Pero esta pudo ser la última maderada que llegó a Valencia por el cauce del Turia. Curiosamente, un estudio del profesor Catalá Gorges nos indica que en los fondos municipales, que él estudió, hay un grabado sobre el duro trabajo de los madereros fechado en ese año de 1893.

En el año 1888, Valencia quedó enlazada con Lliria mediante ferrocarril de vía estrecha; en 1890 llegó la línea de vía ancha. La estación de Vilamarxant permitió anular el tramo final del viaje de la madera por el río Turia, en el caso hipotético de que tal necesidad siguiera abierta. Por esa razón, el 15 de enero de 1898, una crecida del Turia fue la causa de que las aguas revueltas trajeran hasta la ciudad, de estampida y sin control alguno, una partida de troncos que estaba detenida en Vilamarxant. Se les vio llegar entre las doce y media y las tres de la tarde. En el azud de Mislata y en otros puntos, el diario dice que “algunos individuos pescaron varios de dichos troncos”. Con todo, algunos maderos fueron encontrados muchas horas después, en la playa “hasta que, enterado el concejal señor Ayora, lo evitó dictando algunas disposiciones”. (Continuará)

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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