Cara y cruz

img_4921(Publicado en “Las Provincias”. 8 de septiembre de 2016)

  En la Granadella, la fotografía de prensa ha vuelto al blanco y negro: carbón y ceniza. Esas piedras secas que sujetaron bancales las pusieron manos moriscas y dan la impresión de haber llegado a su fin, calcinadas, tras la fatiga brutal de un horno. La gente va del estupor a la lágrima y el mar lo mira img_5056todo indiferente.  No muy lejos, porque esta es una tierra pequeña, hoy sonará un toque de dulzaina y todo se pondrá en marcha: es la Festa, la fiesta de cada 8 de septiembre en honor de la Mare de Deu de la Salut, la patrona de Algemesí; la del “Repic de la Xerevia”, la de la “Processoneta del Matí”, la de las
danzas ilustres que acaban rematadas por torres humanas al son de la “La Muixeranga”.
Un hijo predilecto de Algemesí, Martín img_4975Domínguez, se planteó en este periódico el dilema moral de celebrar fiestas en los momentos de mayor dolor. Y se tuvo que rendir ante la evidencia de que nuestro
pueblo es así y la vida obliga a solapar  contradicciones: dolor y alegría, recogimiento y expansión, tragedia y celebración. El martes por la mañana, en cuanto la Guardia Civil dejó circular, la Granadella volvió a recibir bañistas, la vida sigue.  Carrer de Berca y plaça del Carbó. img_4913No más de doscientos metros separar la capilla donde fue hallada la Virgen de la basílica de Sant Jaume. Pero en tan corto sendero,
Algemesí lleva cuatro siglos acumulando devoción y tradición; y sobre todo, el orgullo de saberse responsables de mantener una carga de folklore, de historia y costumbrismo, de cultura en fin, que se expresa a través del ritual de los pasos de danza, la inocencia antigua de los vestidos y el significado arcano de cada adorno.

La llamada de la dulzaina, melancólica y solitaria, llegará hoy hasta el silencio de Bolulla  y Benitatxell. El dolor, el daño mayor, no está en los pinos que se han quemado, sino en las ilusiones que se violan y los proyectos que se img_4994cancelan. Hay bienes que no tienen precio, que ni se miden ni se pesan, que son: la fiesta de Algemesí es Patrimonio de la Humanidad. La arboleda de Xàbia, dorada al atardecer ¿cuánto valía? ¿ A cómo se paga el horizonte? Los culpables serán detenidos, quizá condenados. Pero no podrán pagar el daño que han hecho a las ilusiones y proyectos de tanta gente.

   Días buenos y días malos. Con aroma de traca o de leña recién quemada. Con campanas y banderitas o con árboles vestidos de crespón. Algemesí y Xàbia, fiesta y duelo; cara y cruz de un verano de éxitos turísticos que ha consagrado la sequía como amenaza y el incendio forestal como prueba de la existencia del mal. Día tras día, desde el lejano junio, las dos caras opuestas del verano. Y como protagonista y sujeto paciente, un pueblo, el valenciano, que sigue mereciendo mucho más de lo que el destino le procura. Sin hablar de política, para qué.

 

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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