¿Mobili… qué?

  • La gente, sudorosa, acarrea maletas entre la estación Turia del Metro y la terminal de autobuses

     En plena Setmana de la Mobilitat (sostenible, desde luego) he vuelto a hacer lo que por estas fechas me impongo: instalarme en la acera de Nuevo Centro para ver pasar, sufridos, sudorosos, fatigados hasta la extenuación, a ríos de personas que arrastran pesadas maletas desde la boca del Metro de la parada Turia hasta la Estación de Autobuses.

   Sufro tanto allí como cuando las televisiones dan crueles escenas de refugiados. Allí, mejor que en otro lugar, es donde se ve la hipocresía del poder, que a mediados de septiembre, desde hace muchos años, nos inunda de simplezas sobre la “mobilitat sostenible” porque, un año tras otro, ni puede ni quiere gastarse los cuartos en hacer un túnel bien acondicionado, con un “tapis roulant”, para que la gente se desplace sin agobios entre el Metro y la terminal de autobuses.

   Intercambiadores, política intermodal, sistemas combinados de transporte, tarjetas inteligentes que valdrán en toda el área metropolitana… Cuando veo a ancianos y jóvenes sufrir el mismo calvario, cuando les oigo subir las incómodas escaleras arrastrando bultos, cuando atiendo a gente desorientada y sudorosa que pregunta por los autobuses en un área huérfana de rotulación, me doy cuenta de la tremenda distancia que separa a la caterva de teóricos que las Universidades depositan en los nidos calientes de la Administración de las personas que sufren la realidad de la calle.

   Mal trazado, diseñado contra los usuarios, el tramo en cuestión costaría muy poco dinero de adecentar, quizá un par de millones. No se pide mucho, se trata de  adaptar al siglo XXI un espacio donde deambulan miles de personas, se necesita lo que es posible ver en Madrid, Bilbao, Barcelona o Zaragoza. Ese sector del Metro es espartano y fundacional, del año 1988; la Estación de Autobuses es mucho más inhóspita y dura todavía, es de los setenta, puro cemento. Todo son escalones altos, todo está falto de rótulos e información, todo transmite una incómoda ausencia de acompañamiento al viajero. Asombra que las entidades que velan por la movilidad de los discapacitados no tengan en ese lugar una protesta permanente, una manifestación de guardia.

   La Setmana de la Mobilitat, en Valencia y en muchas otras ciudades, con la colaboración decidida de la Generalitat, despliega toda la capacidad de generar simplezas que adorna a los modernos gobiernos, pendientes solo de cumplir el calendario anual de celebraciones: Día del Orzuelo, Día de la Hamburguesa Poco Hecha, Día Mundial de los Perros con Moquillo…  Pero quitada esa bambolla ¿dónde está la conexión entre las dos estaciones de Renfe y el Metro? ¿Cuándo va a llegar el AVE hasta el muelle de cruceros? ¿Dónde están las soluciones para al Mercado.

(Publicado en “Las Provincias” el 18 de septiembre de 2016)

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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