Las Fallas, Patrimonio de la Humanidad

 

2016-09-24-museo-fallero-ciudad-ciencias-5 2016-09-24-museo-fallero-ciudad-ciencias-22 img_4134Por encima del tiempo y sus circunstancias, más allá de las adversidades, las guerras y las modas, las Fallas de Valencia. Que crean su propio espacio cultural, su peculiar modelo de sátira, desde mucho antes de que un poeta festivo escribiera unas cuartillas para explicar una falla de la placeta de l’Almodí.

Líbranos, Señor, de tener que explicar a los visitantes de la Unesco, la inexplicable humorada de aquella falla antigua, o qué construcciones hacemos los valencianos con la palabra “conill”. Porque de lo que se trata es de eso, del juego de lo inmaterial, de las emociones y seducciones, de las tentaciones que un chiste provoca a la inteligencia.

Primero fueron cuatro y ahora son casi cuatrocientas. Estamos ante la más vieja “performance” puesta por la gente del pueblo en medio de las calles. Estamos ante una provocadora invención, con cuerpo de cartón y maderos, que el ocurrente de turno quiso improvisar y divulgar un día, para burlarse del vecino, sin darse cuenta de que lo que estaba haciendo era justamente lo que queremos que ahora se nos premie: convertirlo, en la plaza pública, en patrimonio de la humanidad.

Formas y colores, en composiciones de todos los tamaños, presupuestos y ambiciones. Muñecos y chistes, conceptos, rótulos y símbolos. Nadie hace fallas para él solo; siguiendo viejísimos rituales de fuego, las Fallas salieron a la calle, en el arranque de la primavera, porque querían ser lo que son: patrimonio del pueblo. Guiños, insinuaciones, burlas de veinte metros de altura y seis toneladas de peso. Artificios muy materiales que aspiran a un reconocimiento como inmateriales. Porque lo que se valora es la Fiesta con mayúscula, la participación de la multitud en un conjunto de celebraciones y rituales mantenido desde la noche de los tiempos, hasta configurar un patrimonio cultural único.

El “ninot”, que ha nacido del barro y el cartón, esta hueco y es material. Si su expresión cobra vida es a través de la inteligencia de los otros, que lo observan y le ponen sentido e intención. Pero además de haber sido creado para ser moraleja y expiación está destinado a morir en el fuego. Su sacrificio como material será patrimonio y cobrará valor inmaterial en tanto que el pueblo, que es el dueño de todo, asuma que la sociedad se limpia cada año de los pecados colectivos cuando se somete al perdón de los dioses del fuego.

Arquitectura, escultura y pintura. Y además poesía, teatralización, indumentaria, decoración, música, pirotécnica y gastronomía. Todo eso son las Fallas de Valencia. Que se presentan vestidas de la mejor seda para revindicar que aquí tenía principio y fin la  Ruta comercial, artística e industrial más antigua del mundo. Y que llegan envasadas en la atmósfera inmaterial de las primeras noches tibias de la primavera.

Fallas de Valencia, que aspiran a ser, como fiesta, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Al menos, así quiero verlo, la sociedad valenciana ha encontrado una razón para la unidad y la cohesión.

(Publicado en “Las Provincias” el 17 de marzo de 2016)

Anuncios

Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
Esta entrada fue publicada en de buena tinta. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s