Los tapices de San Juan de Ribera

 

1480615225tapices-patriarc-int1-700x350En las enormes casonas de piedra, en las fortalezas y castillos de gruesas paredes, no era fácil pasar un largo invierno. Distribuir paja por los suelos era una forma de poner un débil aislante entre el suelo y los pies. Las chimeneas no bastaban. En muchos lugares la leña era escasa y difícil de transportar. Pero los ricos, los verdaderamente poderosos, tenían la suerte de poder batallar contra el frío que se filtraba por las paredes colgando gruesos tapices de lana que abrigaban las paredes, que aislaban del crudo invierno. Desde el siglo XIII, el tapiz fue extendiéndose como objeto de calidad. Quienes podían, animaron con sus encargos los cada vez mejores y más especializados talleres del norte de Francia y del sur de Bélgica. Grandes pintores de escuela flamenca se especializaron en preparar cartones con temas clásicos y mitológicos que eran trasladados a los tapices mediante colores cada vez más depurados, y con hilos que insertaban oro y plata.

Tener un tapiz, tener una colección de tapices para las estancias nobles de la mansión, era una necesidad física pero también una obligación social. Por más que en el siglo XXI nos guste ver paredes de castillos y mansiones de austeros sillares, nadie, en tiempos antiguos, tenía el mal gusto de mostrar desnudas sus paredes. Y gastaba mucho dinero en comprar colecciones de tapices que eran, además de calefacción, muebles decorativos y valores financieros, verdaderas inversiones de los ahorros, equivalentes a atesorar pinturas, lingotes o piedras preciosas.

Por eso el Patriarca Juan de Ribera, hijo reconocido de Pedro Afán de Ribera, virrey de Nápoles, heredó de su padre, entre otros muchos bienes, una colección de seis tapices, tejidos en Tournai hacia 1520, que vinieron a ser una de las aportaciones económicas básicas, uno de los bienes raíces que el futuro santo puso a contribución, para fundar y hacer que se levantara, a costa de su bolsillo, el Colegio del Corpus Christi. Así las cosas, decir los tapices del Patriarca es un término exacto: eran de él y fue él quien decidió dónde se colocaban y qué sería de ellos tras su muerte.

Tournai fue uno de los lugares de Europa que alcanzó un prestigio mayor en materia de tejido de tapices. Los de la catedral de Zamora, además de otros de grandes palacios y colecciones españolas, proceden de los talleres de una ciudad belga que ahora alberga un importante museo de tapicerías. Los tapices de Tournai del Colegio del Patriarca, fechados en torno a 1520, tienen un valor incalculable y han sido restaurados a expensas de la Fundación Iberdrola, en la Real Fábrica de Tapices de Madrid. Como el presidente de la Fundación dijo ayer en Valencia, ha sido, y todavía va a ser, un proceso lento, exigente en la calidad. “No hay que tener impaciencias; las cosas de importancia se tienen que hacer sin prisa, una recomendación que también es válida para la política”, afirmó.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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