El mayor esfuerzo para la Lotería

1926-12-23-loteria-pizarraDurante la mayor parte del siglo XX, el Sorteo de Navidad de la Lotería Nacional ha sido el hecho previsible de mayor interés informativo en España. Todos los periódicos y emisoras de radio, más la televisión cuando llegó, prestaron atención preferente a esa noticia: que en Valencia, una de las ciudades donde más lotería se juega, ha suscitado siempre una pasión singular. Por eso LAS PROVINCIAS, a lo largo de
su historia, ha prestado la máxima atención informativa a la noticia: toda la redacción se movilizaba para la ocasión; e incluso se llegó a traer en avión la lista de números premiados.

   En diciembre de 1955, la empresa editora de LAS PROVINCIAS decidió hacer un esfuerzo especial y encargó a una tripulación de Iberia que trajera en exclusiva la noticia del año. Un delegado del periódico en Madrid la entregó al piloto del avión de pasajeros; un par de horas después, en Manises, la preciada carga era depositada en manos de otros empleados del diario decano. El fotógrafo inmortalizó el momento a pie de escalerilla: el comandante Echevarría, el segundo piloto Ferreira y el radiotelegrafista, señor Heli, aparecieron por primera vez, sonrientes, en la portada de un diario. El rollo de papel que entregaban era una lista de números, la lista oficial de premios del Sorteo de Navidad de la Lotería de Navidad que se había celebrado en la mañana del 22 de diciembre.

   El esfuerzo valía la pena. Aunque ese año no tocó el Gordo en Valencia, la tirada del periódico se multiplicó, al día siguiente del sorteo, por tres o por cuatro: la gente quería saber dónde había ido a parar la suerte ese año, y cotejar cada una de las participaciones y papeletas compradas aquí y allá con una lista de números premiados que fuera fiable, la llamada Lista Oficial. En  las páginas del periódico del 23 de diciembre las listas de números se publicaban orladas de publicidad. Los almacenes y tiendas más prestigiosas de la ciudad, Almacenes Ruiz  y Casa Cuadrado;  los juguetes más populares,  como el Kadako de Geiper; las marcas de dulces y turrones, como Monerris Planelles, reservaban con anticipación esos espacios y pagaban muy buen dinero por ellos. El periódico del 23 de diciembre era, de todo el año, el de mayor recaudación.

    Por eso se cuidaba tanto la información de la Lotería. Esa es la razón por la que, en los años cincuenta y sesenta, a los periodistas de esta casa, verdaderamente muy remisos a salir en fotografías, hay que buscarlos, mezclados con los agraciados por la Lotería Nacional, en las imágenes que tanto Cabrelles Sigüenza como José Penalba obtenían en el curso de las escenas de alegría en los lugares donde el Gordo había caído. El 23 de diciembre de 1953 podemos encontrar en portada, con su corbata, su chaqueta y su gabardina de reportero, provisto de pluma y block, a un elegante José María Cruz Román que salió a la caza y captura de los agraciados por el 3.270, un número bajo que dejó raudales de dinero en Valencia.

    Raudales de dinero quiere decir 125 millones de pesetas, un fortunón que se repartió entre los empleados de la delegación de los Tabacos del Estado en Valencia, entre los del Centro de Fermentación de Albal y entre los trabajadores y familia propietaria, los Marí Montañana, de una fábrica de cocinas de petróleo, el humilde hornillo Práctic del subdesarrollo valenciano, que estaba ubicada en la calle de Azcárraga. Las imágenes nos muestran a los agraciados, trabajadores del taller, empleados de las oficinas de Tabacos, “el cajero señor Reig, acompañado del señor Chust, que juegan 25 pesetas cada uno”. Y con ellos, micrófono o libreta en mano, aparecen entrañables compañeros de profesión que han dejado en la prensa y la radio valencianas su mejor quehacer: Vicente Ros Belda, de Radio Valencia; Alejandro García Planas, de la SER y de LAS PROVINCIAS; Ricardo Dasí Gadea, compañero de la redacción, padre de José Manuel y Ricardo Dasí Monzó.

   La información de la Lotería era el banco de pruebas de la prensa valenciana junto con la Batalla de Flores. Todos los recursos se movilizaban y todos los periodistas tenían que salir a la calle si llegaba el caso. Ricardo Ros Marín, al que se ha rendido justo homenaje en la Fundación Coso hace unos días, se curtió en esas tareas. Como lo hizo también el gran poeta Vicent Andrés Estellés cuando comenzó a trabajar en esta redacción.  La Lotería de Navidad, además, ha sido la noticia capaz de mantener viva la última tradición de periodismo directo que hubo en Valencia: el pizarrón. En la fachada de la vieja sede de LAS PROVINCIAS, en el palacio de los Valeriola de la calle del Mar, aún se anotó con tiza, en el sorteo de 1953, el número premiado en el Gordo de Navidad.

   Ahora hace 50 años, en la Navidad de 1956, LAS PROVINCIAS  puso en servicio un invento sensacional: la telefoto. Permitía recibir imágenes retransmitidas por telefonía y hacía posible, por lo tanto, recibir una fotografía de la lista de los números premiados en el Sorteo del 22 de diciembre. ¿Pero era un sistema fiable? ¿Podrían darse interferencias de transmisión que se tradujeran en inquietantes rayas gráficas? Incluso la foto oficial de Franco en su discurso de fin de año podía publicarse con una raya más o menos oscura; pero en modo alguno merecía el lector que se le indujera a errores con la sagrada Lotería. Es así como el deseo de cumplir con puntualidad y ser a la vez fiables prolongó una cierta desconfianza técnica hacia la telefoto y recomendó que los modelos propios de recepción de la lista se prolongaran largo tiempo. LAS PROVINCIAS, que además del avión usó los servicios de motoristas y pilotos de coches de competición, estuvo enviando empleados a Madrid, a recoger la lista de los números premiados y traerla a Valencia en el vuelo de regreso, hasta casi el final del siglo XX.

    En 1959, el director José Ombuena se vio obligado a tomar una decisión trascendental y a decidir qué noticia alcanzaba más importancia en la portada de LAS PROVINCIAS del 23 de diciembre. Una, era la indiscutible noticia oficial no ya del año sino de la década: Franco acababa de recibir al presidente Eisenhower  en Barajas en el curso de una “cumbre” que redondeaba años de pacto y colaboración con el amigo americano. La otra, sin embargo, no era menor: porque el Gordo de Navidad había tocado en Valencia, en el establecimiento de licores que la familia González Mataix tenía en la calle de Játiva, entre las empleadas de Telefónica, en el Bar Trocadero y en muchos otros lugares más. Con su probada ecuanimidad, el director fue salomónico: destinó la mitad de la portada a cada asunto y todos durmieron en paz. Especialmente los premiados. En uno de los pasillos de esta casa aún tenemos enmarcada la fotografía de los empleados del Banco de Vizcaya que posaron con todos los décimos premiados cuando los agraciados fueron a depositarlos.

(Publicado en “Las Provincias” de 20 de diciembre de 2006)

En la foto, del año 1926, el público se agolpe ante la pizarra en la que el periódico informaba, en su sede de la calle del Mar, de los números premiados en el sorteo.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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