Los primeros años de un niño inquieto

 

1869-blascoLos grandes acontecimientos de la política española que llevan desde la Revolución y el exilio de la reina Isabel, en 1868, a la restauración monárquica de 1874 se producen durante la niñez de Vicente Blasco Ibáñez. Cuando Valencia vive días de agitación revolucionaria, cuando visita la ciudad el rey Amadeo, cuando se proclama la primera República, la ciudad sufre bombardeos y se forjan todos los que serán héroes legendarios de la libertad y el republicanismo, Vicente está aprendiendo las primeras letras y recibe los primeros castigos de su madre a causa de su poca aplicación escolar. Parece hecho más para dejar volar la mente que para el estudio metódico y disciplinado. Aprende pronto, con facilidad, pero le gusta demasiado vagar por las calles de Velluters o escaparse 1876-blasco-1por la huerta en excursiones aventureras en las que deja volar la imaginación.

La educación que recibe de su madre es muy estricta y rigurosa en lo que toca a la religiosidad y las prácticas piadosas. Su padre no es menos religioso; pero tiene una forma de ser menos estricta, algo más abierta. Con ocho años estudia en el Colegio Levantino, situado en la plaza de la Pelota, donde hará sus primeros amigos. Uno de ellos es Teodoro Llorente Falcó, el hijo del fundador y propietario de “Las Provincias”, dos años más pequeño. También traba amistad con el sobrino de Cristóbal Sorní, Gustavo, así como a José María de la Torre y Francisco Vergé. Al año siguiente, 1876, asiste a clase al instituto de segunda enseñanza.

De las vivencias de juventud que Blasco dejó escritas, están las que José Luis León Roca reflejó en la biografía del escritor sobre Ricardo Asensi, un muchacho algo mayor que él, vecino en el barrio del Mercado, miembro de una familia muy distinta a la suya, de mentalidad abierta y moderna. El padre es comerciante en vinos y ha viajado por Europa; la madre es italiana. Por su talante, por sus lecturas, la casa de los Asensi es un mundo que a Blasco le resulta atrayente. Allí, además de tertulias y veladas literarias, encuentra lecturas: libros recientes, libros de la Europa nueva, libros que el joven Blasco va a devorar cuando cuenta unos diez años.

De esa época serán tres experiencias en las que Blasco puso énfasis a la hora de hilvanar sus recuerdos. La primera fue su participación en un coro parroquial donde ganó las dos primeras pesetas; la segunda, cuando su padre le llevó a un Teatro-Café, de la calle de Ruzafa, para ver una obra teatral, “Carlos II el Hechizado”, de fuertes tintes anticlericales; la tercera, en 1879, cuando el muchacho, con doce años, es llevado por el padre a ver una ejecución con garrote vil, en el cauce del Turia, frente a las torres de Serranos, para recibir la solemne bofetada que era costumbre educativa en aquellos tiempos: “Si no eres un hombre de bien, así acabarás… Recuérdalo”.

En las imágenes, el niño Vicente, a los dos años, vestido como San Juan Bautista, y a los nueve años, alumno en el Colegio Valentino.

(Continuará)

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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