Urrutia y Ferrandis Luna

A la hora de subir y bajar del callejero hay personajes con estrella y otros que caen estrellados

Convendría que en la Universidad lo miraran. Porque a lo mejor, Valencia sigue teniendo algunos relevantes monumentos gracias a personajes que van a caerse del callejero entre la indiferencia general. A lo mejor, es posible, ese Salvador Ferrandis Luna que fue delegado del Patrimonio Nacional en Valencia durante el primer franquismo, resulta que hizo algo para salvar la Catedral y la Basílica de la Virgen, saqueadas durante la guerra. O que impidió que el Palacio de Dos Aguas terminara de mala manera. A lo mejor, si lo miran, resulta que junto con el general Urrutia salvó y puso en pie la sede de Capitanía, ese antiguo convento de los dominicos de bellísimo claustro y aula capitular.

Ferrandis Luna parece que hizo algunas cosas que no se le han perdonado; por ejemplo, casarse con una Álvarez de Toledo, ser director del Banco de Crédito Local de España, traer a Valencia el Banco Exterior en 1931, fundar la Casa de Valencia en Madrid y escribir un “inoportuno” libro, titulado “Valencia Roja”, editado en Burgos en 1938. Era franquista, le acusan. Era abogado del Estado y amigo personal de José Calvo Sotelo. Y en 1918 también había sido uno de los firmantes de la “Declaració Valencianista” junto con Maximiliano Thous o Ignacio Villalonga. Porque la gente es como es, hace cosas, cambia, acierta, se contradice, se equivoca…

Valencia es un gran lío cimentado por gente de toda clase. Pero a la hora del callejero, hay personajes con estrella y otros estrellados. La Universidad, antes de seguir durmiendo su siesta de siglos, afirma que el general Urrutia era franquista. Hombre, maoísta no era, eso es seguro. Pero la pregunta que se debe hacer la Universidad no es esa, sino por qué, entre quinientos generales que Valencia ha visto pasar, Gustavo Urrutia tiene una calle. La respuesta es que entre 1950 y 1953 puso en marcha el proyecto de salvar y restaurar el convento Santo Domingo, obra en la que le han seguido sin excepción todos los capitanes generales que han pasado por Valencia. De ahí que en el claustro de Capitanía tenga un homenaje, dedicado en su día por la Real Academia Bellas Artes de San Carlos. Una institución que, en 1963, cuando el busto se le dedicó, estaba presidida por alguien que va a entrar ahora en el callejero, con toda justicia pero con más fortuna: Javier Goerlich.

Altas y bajas. Suben y bajan. La vida y los cambios de la moda. Teodoro Llorente, a finales del XIX, advirtió varias veces de los malos resultados de dejar que esa volubilidad de la política actuaran sobre el callejero, un patrimonio que a fin de cuentas es de la gente. En 1901, Mariano de Cavia, en “El Imparcial”, ya propuso deportar a Río Muni a alcaldes y concejales que cambiasen los nombres de las calles. Allí, dijo “podrán a su gusto y capricho poner nombre a las calles de árboles que planten, o a las sendas que practiquen en el bosque”.

(Publicado en “Las Provincias” el 28 de mayo de 2017)

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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