NORTE (12). UNA VALENCIA CON ASPIRACIONES

 1908-1910: Tomás Trenor,el  tren Directo y la Exposición Regional

El día de Reyes de 1908, los valencianos pudieron leer una imaginativa crónica de prensa[i] en la que los Magos de Oriente conocían los principales proyectos de una ciudad con más aspiraciones que realidades. En este caso, Melchor, Gaspar y Baltasar entraron en la ciudad “en automóviles, abandonando en aras del progreso los tradicionales camellos”. En su utópico desfile, fueron llevados por el renovado puente de San José a ver “el hermoso mercado de hierro y cristal, con todas las comodidades y condiciones de los mejores de Europa”. Era una ensoñación, la enumeración de lo que no existía. Era, en realidad, una carta de Valencia a los Magos que pasaba desde unos jardines de San Francisco poblados de estatuas hasta “la avenida que conduce a la nueva estación del Norte, calificando esta de atrevida obra de la ingeniería moderna”. Los Magos de Oriente enjuiciaron la ciudad a medio construir: las retrasadas obras del nuevo Ayuntamiento y la estrechez de miras de la nueva calle de la Paz; la Aduana que todavía era una anticuada fábrica de tabacos y el Barrio de Pescadores que no llegaba ni a promesa. El ingenioso autor de la crónica, el gran periodista Luis Gil Sumbiela, terminó su relato haciendo llegar a los Magos al puerto, donde tomaban el buque “Ilusiones” con destino a Palestina.

La ambición de ser habitantes de una gran ciudad alimentaba los anhelos colectivos de los valencianos. Pero, más allá de los alcaldes que parecían sucederse sin dejar huella, la sociedad necesitaba un referente. Y lo encontró en 1908 en la persona de Tomás Trenor Palavicino.

El 15 de febrero de 1908 estaban todos esperándole en la ya avejentada estación de San Francisco, desde el arzobispo y el capitán general hasta los representantes de la más humilde banda de música de la ciudad. Fue una recepción madrugadora y masiva, un homenaje anticipado con un calor y una vibración que recordaba, como semejante, al recibimiento que la ciudad había dado, muchos años atrás, a Emilio Castelar. Tomás Trenor Palavicino, un militar elegido diputado el Congreso por el partido conservador,  acababa de lograr del Gobierno de Antonio Maura la promesa de una ley para concluir el ferrocarril Utiel-Madrid y terminar la tan esperada línea directa con la capital.

Aunque en 1852 comenzó a funcionar la línea entre Valencia y el Grao, aunque los valencianos pudieron viajar en ferrocarril a Madrid desde el año 1859, y a Barcelona en 1868, la vieja, la primordial idea de construir un ferrocarril que llegara a la capital por un trazado directo, a través de la provincia de Cuenca, nunca había sido olvidada. Lo recordaba, para empezar, ese frustrado primer tramo, el que unía Valencia con Utiel. Por esa razón, Tomás Trenor encontró un extraordinario eco en  cuanto emprendió una campaña destinada a impulsar el proyecto.

Pero Trenor no quiso quedarse quieto. Quizá para reforzar los argumentos del deseado ferrocarril, quizá porque sentía que a Valencia le había llegado la hora de salir de su tradicional estado de abandono gubernamental, el diputado ganó las elecciones para la presidencia del Ateneo Mercantil el 12 de enero y el 25 de marzo, aprovechando el calor ciudadano suscitado por su éxito en el ámbito ferroviario, propuso a la junta general ateneista la celebración de una Exposición Regional que abriría sus puertas en mayo de 1909. Trenor, que pensaba que Valencia era “la Cenicienta de España”, veía en el ambiente una concertación de impulsos, un desasosiego, convertido en enfado muchas veces, del que podrían sacarse avances en la línea de progreso. Y todo ello, además, se podría hacer desde la más estricta adhesión a España, sin caer en regionalismos ni muchos menos en una política de tinte separador.

Valencia no solo secundó la idea de Trenor, sino que lo hizo por unanimidad. Olvidando viejas rencillas, partidos y periódicos apartaron los egoísmos y cuanto menos dejaron hacer y trabajar a un hombre que, rodeado de un equipo de gestión moderno, se puso a construir, a lo largo de trece agotadores meses, un sueño inspirado en la Exposición de Turín de 1906, y estimulado por los fastos celebrados en Zaragoza, el año anterior, en recuerdo de la Guerra de la Independencia.

“Y este gallardísimo proceder de Valencia, evidenciador de que, por fin aunaba y regulaba y dirigía por derroteros positivos los ardimientos de sus hijos tan estérilmente desperdigados tantos años, hizo que el Estado se percatara de que Valencia debía y merecía ser oída y atendida distintamente de como venía siéndolo por los partidos nacionales, por los Gobiernos, por los altos poderes…” En su “Memoria” de la Exposición, fechada en 1912, estas serán las reflexiones básicas de Trenor sobre lo hecho y lo logrado por la Valencia que entre 1908 y 1910 dio, efectivamente, un gran aldabonazo nacional. El ferrocarril directo Valencia-Madrid por Cuenca no funcionó hasta treinta años después, en 1948. Pero la Exposición Regional de 1909, prevista para solo 90 días de funcionamiento, estuvo abierta 436 días, porque fue prorrogada y en 1910 tuvo carácter nacional.

Recibió la visita del rey Alfonso dos veces, pasaron por la ciudad todos los políticos y artistas de mayor renombre, la ciudad fue centro intelectual a través de notables congresos y convocó a unos 1.500 expositores. Por primera vez, el viejo Reino de Valencia propuso y realizó un proyecto de ámbito regional, en un recinto que fue, al mismo tiempo, palacio de exposiciones, auditorio, casino, estadio deportivo, cine, teatro, sala de exposiciones de arte, parque de atracciones y palacio de congresos. Miles de valencianos vieron en la Exposición primicias técnicas como el aeroplano, el automóvil, la escalera mecánica y el alumbrado eléctrico decorativo en masa; miles de valencianos asistieron a los primeros torneos de fútbol, las primeras gimkamas automovilistas o un concurso internacional de pirotecnia.

El rey Alfonso XIII vino a Valencia, el 22 de mayo de 1909, para inaugurar la Exposición Regional. Un vigía situado en el miramar de la Fonda de París izó la bandera de España en cuanto vio el penacho de humo de la locomotora del tren real, que venía parando en todas las estaciones. Eran las nueve y media de la mañana y toda Valencia parecía haberse congregado alrededor de la estación de la plaza de Castelar, maquillada para la ocasión como una vieja dama. Los soldados del regimiento de Mallorca rindieron honores al rey, que era esperado en los andenes por más de un centenar de autoridades y personalidades. Acompañado del presidente Maura, el monarca repartió sus primeros saludos en la atestada sala de espera de la estación, minúscula para tanta concurrencia, pasó luego junto a la fonda y descendió por la escalera principal camino de su coche de caballos.

No sabemos si el rey hizo algún comentario sobre la estación nueva a los altos directivos de la Compañía del Norte. No sabemos si el periodista y senador Peris Mencheta, que según el tren avanzaba le iba hablando de la agricultura que contemplaban, le dio también noticia del anhelo ferroviario valenciano. Si no estaba ocupado en otros asuntos, el monarca es seguro que vio, antes de cruzar la calle de Xàtiva, el acopio de materiales y la cimentación del ala izquierda de la nueva estación, recayente a la calle de Bailén. Las obras habían comenzado en el mes de abril de 1909, sin protocolo ni discursos.

Lo que sí consta es que Félix Azzati, el director del diario republicano “El Pueblo”, aprovechó la visita real para publicar un artículo donde describía al monarca lo que podía verse en Valencia, de mal y bien hecho; obviamente para atribuir lo primero a los monárquicos y lo segundo a los republicanos. Es imprescindible, en este caso, reproducir el primer párrafo, referido a la estación del Norte:

“Has visto, al descender del tren, ese barracón inmundo, fétido, entelarañado, tenebroso antro, enorme boquete que parece abierto en el vientre de negra montaña? Eso es la estación del Norte, empresa compuesta de explotadores jesuitas que, desde luengos años, saquean nuestra hermosa región sin que los monárquicos hayan podido conseguir el levantamiento de un soberbio edificio como corresponde a la categoría de la tercera ciudad de España y a la magnitud de los beneficios obtenidos. Cuando vuelvas, dentro de pocos años, pondrás pie a tierra en un espléndido palacio, cuyas obras han sido ya subastadas, con todas las condiciones externas de belleza arquitectónica e internas de decencia y de comodidad. Eso lo han conseguidos los republicanos en fuerza de gritos, de amenazas, de actitudes belicosas… hasta el extremo que, en ciertos momentos, protegió el actual barracón la guardia civil para que la encendida indignación popular no se propagara…”[ii]

En la inauguración de la Exposición Regional, el 22 de mayo de 1909, el rey pidió que se repitiera la vibrante interpretación del Himno, escrito por Serrano y Thous, que andando el tiempo se tenía que convertir en Himno Regional. Pese a que la guerra de África y la Semana Trágica de Barcelona truncaron el optimismo social y el buen ambiente popular de los meses inaugurales, la Exposición de Valencia fue un acontecimiento que impulsó todos los sectores de la economía y, sobre todo, el legitimo orgullo y la autoestima de la sociedad valenciana.

Mientras todo eso ocurría, la Compañía del Norte, que vio crecer el número de usuarios exponencialmente, incrementó la compra de suelo mediante nuevas operaciones y puso en marcha, finalmente, las obras de la terminal de viajeros. El 12 de abril de 1909, la prensa valenciana informó de la exposición al público del pliego de condiciones para la subasta de las obras, publicado el 14 de abril en el Boletín Oficial.

En abril de 1909 se proyectó hacer una nueva ceremonia de colocación de la primera piedra, ahora para el edificio principal de la calle de Xàtiva. Se le ofreció el honor nuevamente a Amalio Gimeno, que si bien ya no era ministro iba a poner en marcha, al mismo tiempo, la esperada obra de la Facultad de Medicina y Ciencias en el paseo al Mar.[iii] Más tarde, inaugurada ya la Exposición, se volvió a hablar de una primera piedra de la estación[iv], reservada ahora a la infanta doña María Teresa y su esposo, don Fernando, en el curso del viaje que iniciaron el 5 de junio. Pero a pesar del intenso programa reservado a la hermana del rey, la primera piedra de la estación no tuvo cabida entre los festejos. Con todo, el 26 de abril comenzó a funcionar todo el servicio de paquetería de la llamada pequeña velocidad en los nuevos muelles construidos junto a la carretera de Casas del Campillo, en la calle de San Vicente extramuros, ámbito done en 2017 funciona la estación provisional del AVE.[v]

Con muy poca publicidad, con una gacetilla en “El Pueblo”[vi], se comunicó a la opinión pública, sin embargo, una noticia de gran relevancia: en el curso de una reunión de la comisión mixta de concejales, arquitecto mayor e ingenieros de la Compañía del Norte “quedó ultimado el proyecto de urbanización con motivo del traslado de la estación y las bases para su realización, firmando la oportuna acta”. Algunas semanas después, “Las Provincias”[vii] publicó también una nota en la que se informaba que el Ayuntamiento había comunicado a Norte “las bases para la urbanización de los terrenos de la antigua estación”, señal que anunciaba que la vieja estación no iba a perdurar mucho tiempo en pie en cuanto se inaugurara la nueva. Anotemos también que el 15 de septiembre se publicó que se había enviado al gobernador civil “relación de los propietarios de los terrenos donde se ha de levantar la Estación”.

El 19 de diciembre de 1909, Amalio Gimeno regresó a Valencia para ser objeto de un homenaje en la Exposición Regional y para colocar, al fin, la primera piedra de la Facultad de Medicina y Ciencias, al borde del camino de Benimaclet, en un terreno alineado con lo que algún día habría de ser el Paseo al Mar. “Hace tres años que vine a Valencia para colocar la primera piedra de la estación del Norte. Hoy tengo igual fortuna. Aquel será el edificio del comercio y de la industria; este será el templo del saber”, dijo el homenajeado.

“Después de la plaza, siguiendo la misma dirección hacia la izquierda, se atraviesa a nivel la estación del Norte. Antes de dos o tres años estará ya terminada la nueva”. Los viajeros que vinieron a Valencia para la Exposición Nacional de 1910, fueron obsequiados en los hoteles con una Guía[viii] de la ciudad que hablaba de la futura estación como un elemento remarcable de la ciudad. “En la línea que se puede marcar desde la esquina de la tapia de la plaza de toros hasta la calle de Pelayo, quedará emplazada la verja de la plaza de la estación —prosigue el texto–. Detrás de ella, ocupando parte de las actuales vías, y la explanada que hay antes de los antiguos muelles de mercancías, irá la plaza. Detrás de ella, ocupando todos los mencionados muelles y parte del espacio de las vías, irá la fachada. Tendrá tres cuerpos salientes. Detrás irá la estación, que será grandiosa y digna de la ciudad, y estará en relación con su movimiento”.

También se ocupó la Guía de la marcha de los demás servicios necesarios para la Compañía y del futuro de la ciudad: “La estación de mercancías está ya terminada y tiene entrada por la calle de San Vicente. Las vías que ahora atraviesan la calle de Ruzafa y la calle de las Germanías, desaparecerán, y desde la nueva estación partirá la línea nueva, por detrás de Ruzafa, hasta el puente de hierro del Turia. Lo que es actual estación quedará una avenida, desde la plaza nueva y la calle de Játiva, hasta la plaza de Emilio Castelar”.

La Guía para 1910, con datos de 1907, remarcaba que la estación de Valencia era la más activa de toda la red de Norte, con 655.145 pasajeros. Pero si las dos exposiciones de 1909 y 1910 fueron el primer gran ensayo de una Valencia turística, es evidente que el ferrocarril fue su gran protagonista: la Compañía del Norte informó a la prensa             de que, desde el 1 de enero de 1910 hasta el 10 de junio, recaudó 1.500.816’26 pesetas más que en el mismo periodo del año anterior.

“Para que los pesimistas que auguraban que no vendría a Valencia forasteros el año pasado se convenzan de que padecían un error del cual continuaron padeciendo durante los meses que la Exposición Regional estuvo abierta”, la comisión de Propaganda de la Exposición facilitó[ix] unos interesantes datos sobre la actividad de la estación del Norte. De mayo a diciembre de 1909 se habían vendido 625.204 billetes, 61.000 de ellos en octubre, unas cifras muy superiores a las registradas en años precedentes. Y eso, evidentemente, se produjo a pesar del gran contratiempo de la Exposición de 1909, la guerra de África y la Semana Trágica barcelonesa, que retrajeron la actividad turística y determinaron, a fin de cuentas, la prolongación de la Exposición Regional y la convocatoria de otra, de carácter Nacional, para 1910.

Cuando 1910 concluyó, los trabajos habían proporcionado ya algunos alivios a los valencianos. Se retiraron las vías tendidas desde el paso a nivel de la calle de Ruzafa, por la curva de la plaza de toros, hasta la estación vieja y los trenes de la línea de Barcelona entraron por la línea de Madrid.

Imágenes

— Tomás Trenor Palavicino, impulsor del ferrocarril directo y de la Exposición Regional

— El cartel oficial y la maqueta de la Exposición de 1909

— El arco de entrada a la Exposición

— El maestro José Serrano , autor del Himno de la Exposición, hoy Himno Regional

— La Estación, en obras

– En 1910, el optimismo llevó a levantar un arco triunfal al tren Directo en la avenida que iba a llevar a la nueva Estación.

Notas

[i] “La Correspondencia de Valencia”. 1907.01.06

[ii] “El Pueblo”. “Himno a un viajero”. F. Azzati. 23 mayo 1909.

[iii] Ver prensa local de los días 11 y 24 de abril de 1909.

[iv] “Las Provincias”, 31 mayo 1909.

[v]  Ver “La Correspondencia de Valencia” de 17 abril 1909

[vi] “El Pueblo”. 28 de mayo de 1909

[vii] “Las Provincias”. 8 de julio de 1909

[viii] “Guía de Valencia y su Región”. Exposición Nacional de 1910. Ed. Hispano.

[ix] “Las Provincias”. “Movimiento de viajeros”. 8 marzo 1910

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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