NORTE (16). UN HERMOSO MES DE MAYO

 

La primera Feria Muestrario de España

En el vestíbulo de la nueva Estación del Norte, las luces eléctricas daban un aspecto especialmente brillante y atractivo a los mosaicos de vivos colores. Dos grandes columnas, con profusos adornos vegetales, sustentaban sin esfuerzo aparente una gran viga transversal de madera, que a su vez recibía la carga de la enorme techumbre, resuelta con dibujos confeccionados con millones de teselas. Junto a una de las columnas, rutilante y perfecto, un modelo de automóvil elegantísimo: sobre un chasis de Hispano-Suiza, se había instalado una carrocería estilo limusina. Al lado de gramófonos de bocina abierta como los pétalos de una flor, aparatos eléctricos y de iluminación, teléfonos y máquinas de escribir; cientos de objetos y muestrarios hablaban, por su diseño y su calidad, de los grandes cambios que se habían producido, en pocos años, en las industrias manufactureras.

El 10 de mayo de 1917, el gran vestíbulo de viajeros de la nueva Estación del Norte de Valencia sirvió para que cobrara vida una gran institución valenciana, la Feria Muestrario. Todas las primeras autoridades se dieron cita, a las once de la mañana, en la amplia plaza de la instalación ferroviaria para un acto solemne con el que la Unión Gremial, la entidad promotora, hizo su presentación ante la sociedad valenciana. Minutos después, junto al gobernador civil, las primeras autoridades se extasiaban ante la calidad del sonido de los últimos discos de pizarra y se dejaban atrapar por el aroma de los cueros del vehículo recién llegado a la Feria.


Joaquín Blanch, un carrocero local, había demostrado sobre el Hispano- Suiza que el paso del coche de caballos al automóvil se podía hacer sin dejar en ningún momento el lujo y la calidad de siempre; el mueblista Salvador Mustieles había aplicado al interior del vehículos los toques de elegancia que proporcionaban el ébano y otras selectas maderas. Un empleado, firme junto al automóvil, informó con voz templada que el modelo tenía radios de hierro en las llantas, generosos estribos y guardabarros delanteros y traseros; el volante, ancho, permitía un manejo cómodo; el parabrisas era recto y muy resistente, las dos puertas se adecuaban perfectamente al cómodo manejo de una capota abatible.

José Grollo, el presidente de Unión Gremial, estaba cosechando aplausos generales por la idea de poner en pie una Feria de aquellas características. Se estaba aprovechando, con buena puntería comercial, que en la segunda semana de mayo, tradicionalmente consagrada a Nuestra Señora de los Desamparados, los valencianos dejaban atrás la ropa de invierno y daban, con el mejor ánimo y con aire de fiesta, una cálida bienvenida a la primavera. El Ayuntamiento, con la colaboración de las entidades ciudadanas, organizaba por esos años las Fiestas de Mayo, un nombre que la mayoría municipal republicana prefería a cualquier otro que contuviera referencias religiosas. Y con un concurso de arreglo de balcones en el recorrido de la procesión de la Virgen, alguna novillada, exposición de flores y jardinería, una Retreta militar, una muestra de industrias eléctricas y otras iniciativas de animación de las calles, contribuía a una mejor atracción de los forasteros, que era en última instancia lo que el comercio local más agradecía.

La nueva Feria Muestrario se miraba, desde luego, en el espejo de los éxitos valencianos de la Exposición Regional de 1909, prolongada en 1910 como Exposición Nacional. En esta primera edición, de sello local, la Feria reunió a 148 expositores, que se distribuyeron entre el vestíbulo de la Estación y el patio del Colegio Imperial de Niños Huérfanos de San Vicente, ubicado en la calle de Colón. Allí se dirigieron las autoridades después de recorrer los mostradores y vitrinas de la Estación y de conversar con los dueños de las tiendas y fábricas que habían dado el paso  de exponer sus novedades. Vinos de calidad y marquetería fina, mueble curvado y orfebrería, esencias y perfumes, papelería, artes gráficas de calidad e instrumentos musicales, abanicos y guitarras, alpargatas y fertilizantes… Docenas de sectores habían tenido cabida y espacio en una Feria que estaba algo confusa y hacinada pero que sin duda estaba llamada a tener un éxito de concurrencia.

En el Colegio de Niños Huérfanos esperaba el director de la institución y todo el profesorado, junto a la banda de música del Regimiento de Otumba, que interpretó la Marcha de Infantes. Las autoridades, de manera solemne, pasaron al interior entre dos filas de niños asilados que aplaudían. Lo recorrieron todo detenidamente mientras preguntaban a los expositores por las características y ventajas de los nuevos productos presentados. Por la tarde, y durante los días siguientes, desde las nueve de la mañana, cientos de valencianos rememoraron aquella Exposición Regional de la que solo quedaba ya el recuerdo.

Y se quedaron extasiados ante tanta y tan variada oferta de productos nuevos: si los ventiladores eléctricos prometían un verano sin calor, la depuración del agua potable ya se hacía posible en las casas valenciana, por poco dinero, mediante las virtudes de los modernos sinaís. Casi todos los expositores eran de la tierra: La Unión Alpargatera tenía su razón social en la calle de los Derechos y la mejor empresa de marquetería tenía el taller en la calle de Lepanto. El Doctor Trigo, un conocido industrial valenciano, tenía en la ciudad su fábrica de esencias, ideal tanto para hacer refrescos como para la composición de licores de variada gama de sabores. Aunque quizá una de las vitrinas que más llamaba la atención, junto al mostrador donde se atendía al público, fue la de las Lejías Flor de Nieve, una industria de José Roda con despacho de producto en la calle de Espinosa, que presentaba su producto en una graciosa botella etiquetada.

“El certamen de muestras constituye un éxito completo, demostrando un gran grupo de comerciantes el amor que sienten por Valencia. Las autoridades elogiaron mucho la labor de los expositores y de la junta directiva de la Unión Gremial, a la que felicitaron por el triunfo que la Feria Muestrario había alcanzado”, escribió “Las Provincias”[i] mirando al horizonte de lo que habría de ser una gran institución comercial. José Grollo, el impulsor del certamen, habría de escribir meses después este positivo balance ferial: “Con nuestra Feria Muestrario hemos instituido un mercado que se ofrece al mundo de la producción, que es fundamento de prosperidad, y al mercantil, que es su medio”[ii]

Junto con él, el día de la inauguración, y el lunes siguiente, cuando visitó la Feria el capitán general, los miembros del comité ferial presentes fueron los señores Sempere, Benedito, Vilella, Boigues, Roig y Senabre, todos ellos notable comerciantes y empresarios de la ciudad. Todos ellos estaban haciendo realidad el sueño promotor de otro comerciante valenciano, José Aupí Ballester, que en 1913 había dado vida a la Unión Gremial usando como sede los locales prestados por el Ateneo Mercantil. Propietario de un comercio de tejidos situado en la calle del Embajador Vich, Aupí y sus colaboradores pusieron en marcha una institución que, además de defender los intereses del comercio de la ciudad, pudiera dialogar con el Ayuntamiento y colaborar en la animación de la ciudad.

En marzo de 1913 eligieron una directiva y en 1914 consta que intentaron colaborar con las celebraciones valencianas a través de la organización de un Torneo de Caballeros, a la antigua usanza, que fuera una fiesta atractiva a celebrar en el mes de octubre. Las dificultades económicas del momento no contribuyeron a dar mucho aire a las iniciativas primeras, aunque, finalmente, los esfuerzos cristalizaron en la organización de la primera Feria, en mayo de 1917, actividad en la que fue decisiva la labor de José Grollo Chiarri (1875-1936) su primer impulsor.

A través de las páginas “El Mercantil Valenciano”, que defendió la idea con ardor, sabemos que el primer proyecto contemplaba que la Feria se celebrara en el salón de columnas de la Lonja de la Seda. Pero la oposición inicial de la treintena de titulares de puestos de asentador, aunque finalmente fue vencida, dificultó que el proyecto se llevara a cabo. Es entonces cuando los promotores buscaron la alternativa de la Estación del Norte y el patio del Colegio de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer. No obstante, también se estudió la opción del edificio del Banco de España, que estaba en obras muy avanzadas en la calle de las Barcas, así como la del patio de butacas del Teatro Lírico, que fue ofrecido por el maestro Serrano.

Pero la gracia modernista de la Estación, la decoración aportada por notables artistas valencianos, terminó por vencer. Visitar la Feria permitía conocer la Estación que se estaba preparando y que competía abiertamente con el Mercado de Colón, otra belleza modernista inaugurada con grandes fiestas populares el día de Nochebuena de 1916. Conocer los últimos productos y manufacturas en la Estación del Norte fue una gran idea por más que la parte izquierda del gran vestíbulo estuviera tapiada en forma de túnel porque por allí pasaban todos los ferrocarriles que tenían que rendir viaje en la Estación de la plaza de San Francisco.

Esta Feria Muestrario de Valencia, pionera en España, alcanzó en 1921 la calificación de feria oficial; ese mismo año obtuvo la cesión de suelo por parte del Ayuntamiento, en las inmediaciones del palacio de Ripalda. En el año 1925 pudo gozar de la consideración de internacional por declaración del Gobierno[iii]. Y en 2017 celebra un siglo de vida, como la Estación del Norte que le dio albergue el primer año.

Imágenes

— La Estación, con los dos túneles por las que pasaron trenes durante al menos dos años

— La primera Feria Muestrario se inauguró en el vestíbulo de la Estación

— El cartel de las fiestas de mayo y el sello de la Feria

— José Grollo Chiarri, promotor de la Feria Muestrario 

Notas

[i] “Las Provincias”. 11 mayo 1917.

[ii] Catálogo de la Feria Muestrario de 1917. Palabras de José Grollo.

[iii] Para el estudio del nacimiento de la Feria, ver LLUCH GARÍN, L.B. “Hace ahora 65 años. La I Feria Muestrario de España”. Valencia 1982.

Anuncios

Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
Esta entrada fue publicada en de buena tinta y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s