La nueva casa de la Inquisición

Estimado Nadie:

Te he querido escribir, antes de que enero acabe, para contarte, como procuraré hacer en adelante, una de esas historias chocantes, asombrosas o ridículas que tanto te gustan de esta tierra; una ocurrencia, entre mil, de las que aflora una sociedad alegre y confiada, que tú conoces bien pero que siempre, así al menos lo dices, te sorprende más y más.

El cuento que hoy me mueve a escribirte es la polémica que han urdido los políticos de unos y otros partidos, más la prensa de una y otra tendencia, a propósito del alquiler, de 120.000 euros al año, de un edificio, situado en la calle de Navellos, que quieren destinar a la nueva Agencia contra el Fraude y la Corrupción. ¿Es caro o es barato ese alquiler?, se cuestionan las tertulias políticas estos días, a cuenta de las duras descalificaciones que se están lanzando los diarios y los diputados. Y es que, como suele pasar, se ha creado una institución nueva, esta, según dicen, para velar por la pureza y rectitud en todos los ámbitos de la vida privad y la pública, pero solo saber que va a estar dotada de 34 funcionarios ha disparado las alarmas y la rechifla por el cuantioso coste que la institución supondrá… unido a ese alquiler, desorbitado para casi todos, que podría haber sido bastante menor de no haber elegido la Generalidad un emplazamiento tan céntrico, tan lujoso y tan grande.

Con todo, bienamado Nadie, he de confesarte que sigo la polémica, entre risotadas internas, regocijado por un hecho, en el que nadie ha caído, que a mi me parece de una extremada gracia y curiosidad. ¿Qué ocurre?, te preguntarás. Pues que donde está ese elegante edificio, que en su día fue propiedad de los Trenor, se levantó mucho antes, en el siglo XV, nada menos que la Casa de la Inquisición en Valencia. Y coincidirás conmigo en que tiene su morbo que ubiquen la sede de la Agencia Valenciana contra el Fraude y la Corrupción en el sitio donde los tres inquisidores, y el promotor fiscal, tenían su casa y asiento, sus mazmorras y una bien pertrechada sala de tortura; a cuatro pasos de San Lorenzo, del viejo Ayuntamiento y la Catedral, al lado mismo de la señorial mansión de los Borja, hoy sede de las Cortes Valencianas.

No queda, de aquella casona, más recuerdo que las menciones de las viejas crónicas. A principios del siglo XX, sobre el solar, construyeron los Trenor una mansión donde yo creo que vivió el fundador de la Exposición Regional y donde nació ese genio valenciano, Rafael Trenor, creador de la Esfera Armilar. Allí al menos me invitó  subir un día para enseñarme en su estudio dibujos, planos y maquetas mientras su señor padre, el décimo marqués de Sardañola, José María Trenor Arróspide, pasaba la tarde en uno de los salones asistido por criados casi tan ancianos como él mismo.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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