Los Puche, en el Museo Fallero

 

Julián, Pepe y Marina Puche llenan casi ochenta años de fiesta fallera, artesanía, pintura y escultura. Toda una saga, tres generaciones de artistas –abuelo, padre y nieta– a las que el Museu Faller dedica desde el lunes una exposición, llena de entrañables recuerdos familiares y gremiales, que al mismo tiempo es casi una historia completa de las Fallas; una historia, desde luego, de la fiesta que conocemos desde la posguerra.

La exposición está montada con sencillez, en espacios no muy extensos pero que se adaptan como un guante a las tres generaciones artísticas. Así, cada uno de los tres artistas tiene su ámbito, su sala personal, aunque hay una línea del tiempo que los va a unir a todos, aspecto muy necesario en tanto que Pepe Puche, hijo del maestro pero padre de Marina, es el “eslabón” que engancha la tradición al futuro. Así, aunque estamos hablando de una sola familia, de abuelo a nieta, resulta que estamos viendo la evolución de la fiesta fallera: desde las cabezas modeladas en cera de los cuarenta y los cincuenta a la graciosa estilización contemporánea de las fallas infantiles, pasando por esos incomparables grupos fundidos, imposibles de individualizar: “un cabàs ple de xiquets”, los viajeros de un autobús, etc. que fueron especialidad de Pepe.

Los guiños cambian, los chistes falleros se transforman, el colorido de las fallas se hace más exigente. Pasamos del “valencianot” a “Mary Poppins”… Y comprendemos toda la fiesta a través de tres grandes artistas que se propusieron y se proponen ser intérpretes de la fiesta en el momento del mundo que les ha tocado vivir. Y todo eso, además, como señalaron Gil-Manuel Hernández y Pere Fuset, con los “secretos a voces” de una vocación: los dibujos de estudio y las acuarelas de Julián, las esculturas de Pepe Puche y los óleos y acuarelas de Marina, obras en algunos casos nunca expuestas, que nos señalan –lo dijo el concejal de Cultura Festiva– que estamos hablando de artistas, todos estudiantes de Bellas Artes, que además han tenido hacia la fiesta el respetuoso afecto de querer hacer fallas.

Interesante exposición para una interesante familia. Habló Pepe y habló Marina. Evocaron a los abuelos y a la esposa-madre, se emocionaron y contagiaron de nostalgia a la concurrencia. Exposición merecida que señala que las Fallas tienen mucho que trabajar en su propia exploración. Para empezar, con la intención de decir que lo principal, en ellas, es lo más olvidado: el monumento fallero que se planta (y a veces se abandona) en la calle. No, la esencia de las fallas son lo que imagina, dibuja, construye, modela y pinta con esfuerzo un artista; el resto, son adornos. Necesarios, pero adornos.

Las fallas son el monumento. Que tiene un autor, desde luego. Monumentos hechos por personas que tienen historias, familias, vivencias, sufrimientos, alegrías y también recompensas. Para la familia Puche, esta exposición es un premio que les hace justicia artística. La presencia de gente que no cabía en las salas, de familiares y amigos, las palabras de los comisarios, el director, el concejal, y sobre todo las falleras mayores de Valencia, fue como el pastel en las bodas: la culminación de una hermosa fiesta.

La exposición se podrá ver hasta septiembre; pero su mejor mes, claro, es el de marzo.

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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