Tengo un sueño

 

El reverendo Martin Luther King Jr. , ministro bautista y dirigente del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos, fue asesinado hoy hace 50 años, en Memphis, Tennessee, cuando se encontraba asomado a la galería del Motel Lorraine de la ciudad, a donde se había trasladado para apoyar una huelga local de los empleados de la recogida de basura. Luther King, premio Nobel de la Paz en 1966, tenía casi 40 años cuando cayó fulminado a causa del único disparo que hizo sobre él, con un rifle de mira telescópica, James Earl Ray, un hombre blanco.

Predicador infatigable, abogado de todas las causas, negociador incansable con el poder, el reverendo King recibió en 1964 el Premio Nobel de la Paz.  King nació en Atlanta, Georgia y desde muy joven fue un luchador decidido por la defensa de los derechos de la población negra. Fue presidente del Consejo Directivo de la Asociación de Cristianos del Sur donde, en la línea de Gandhi, estableció su renuncia a toda clase de violencia para conseguir estos objetivos, abogando por una resistencia pasiva. Un año después lograba que en los estados sureños se abolieran algunas leyes discriminatorias con la población negra. El asesino del doctor King fue arrestado en Londres cuatro días después del asesinato. Extraditado a Estados Unidos un mes después, fue juzgado y condenado a 99 años de prisión.

El 28 de agosto de 1963 más de 200.000 personas que habían marchado sobre Washington para apoyar la igualdad de derechos civiles asistieron a uno de sus más famosos sermones-discurso, “Tengo un sueño”, que ha pasado a la historia de la lucha por la igualdad y de la cultura universal. El discurso fue pronunciado ante la gran estatua de Abraham Lincoln, el padre de las libertades norteamericanas. Esta es su parte final y sustantiva, en la que repite varias veces el lema “Tengo un sueño”.

“Yo tengo un sueño que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.

Yo tengo un sueño que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo un sueño que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.

Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.

¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo un sueño que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Alabama pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas.

¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo un sueño que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada, y toda la carne la verá al unísono.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir de la montaña de la desesperación una piedra de esperanza.

Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.

Este será el día, este será el día en que todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado: “Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera, dejen resonar la libertad”. Y si Estados Unidos va a convertirse en una gran nación, esto debe convertirse en realidad.

Entonces dejen resonar la libertad desde las prodigiosas cumbres de Nueva Hampshire. Dejen resonar la libertad desde las grandes montañas de Nueva York. Dejen resonar la libertad desde los Alleghenies de Pennsylvania! Dejen resonar la libertad desde los picos nevados de Colorado. Dejen resonar la libertad desde los curvados picos de California. Dejen resonar la libertad desde las montañas de piedra de Georgia. Dejen resonar la libertad de la montaña Lookout de Tennessee. Dejen resonar la libertad desde cada colina y cada topera de Mississippi, desde cada ladera, dejen resonar la libertad!

Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día cuando todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo spiritual negro: “¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!”

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Acerca de fppuche

Periodista y escritor. Director de “Las Provincias” desde 1999 a 2002. Desde 2011, miembro de la comisión de Gobierno del Consell Valencià de Cultura.
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