Los primeros años de un niño inquieto

 

1869-blascoLos grandes acontecimientos de la política española que llevan desde la Revolución y el exilio de la reina Isabel, en 1868, a la restauración monárquica de 1874 se producen durante la niñez de Vicente Blasco Ibáñez. Cuando Valencia vive días de agitación revolucionaria, cuando visita la ciudad el rey Amadeo, cuando se proclama la primera República, la ciudad sufre bombardeos y se forjan todos los que serán héroes legendarios de la libertad y el republicanismo, Vicente está aprendiendo las primeras letras y recibe los primeros castigos de su madre a causa de su poca aplicación escolar. Parece hecho más para dejar volar la mente que para el estudio metódico y disciplinado. Aprende pronto, con facilidad, pero le gusta demasiado vagar por las calles de Velluters o escaparse 1876-blasco-1por la huerta en excursiones aventureras en las que deja volar la imaginación.

La educación que recibe de su madre es muy estricta y rigurosa en lo que toca a la religiosidad y las prácticas piadosas. Su padre no es menos religioso; pero tiene una forma de ser menos estricta, algo más abierta. Con ocho años estudia en el Colegio Levantino, situado en la plaza de la Pelota, donde hará sus primeros amigos. Uno de ellos es Teodoro Llorente Falcó, el hijo del fundador y propietario de “Las Provincias”, dos años más pequeño. También traba amistad con el sobrino de Cristóbal Sorní, Gustavo, así como a José María de la Torre y Francisco Vergé. Al año siguiente, 1876, asiste a clase al instituto de segunda enseñanza.

De las vivencias de juventud que Blasco dejó escritas, están las que José Luis León Roca reflejó en la biografía del escritor sobre Ricardo Asensi, un muchacho algo mayor que él, vecino en el barrio del Mercado, miembro de una familia muy distinta a la suya, de mentalidad abierta y moderna. El padre es comerciante en vinos y ha viajado por Europa; la madre es italiana. Por su talante, por sus lecturas, la casa de los Asensi es un mundo que a Blasco le resulta atrayente. Allí, además de tertulias y veladas literarias, encuentra lecturas: libros recientes, libros de la Europa nueva, libros que el joven Blasco va a devorar cuando cuenta unos diez años.

De esa época serán tres experiencias en las que Blasco puso énfasis a la hora de hilvanar sus recuerdos. La primera fue su participación en un coro parroquial donde ganó las dos primeras pesetas; la segunda, cuando su padre le llevó a un Teatro-Café, de la calle de Ruzafa, para ver una obra teatral, “Carlos II el Hechizado”, de fuertes tintes anticlericales; la tercera, en 1879, cuando el muchacho, con doce años, es llevado por el padre a ver una ejecución con garrote vil, en el cauce del Turia, frente a las torres de Serranos, para recibir la solemne bofetada que era costumbre educativa en aquellos tiempos: “Si no eres un hombre de bien, así acabarás… Recuérdalo”.

En las imágenes, el niño Vicente, a los dos años, vestido como San Juan Bautista, y a los nueve años, alumno en el Colegio Valentino.

(Continuará)

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El niño Vicente Blasco Ibáñez

 

padres-y-casa-natal-de-blasco-1Vicente Blasco Ibáñez nació realmente el 27 de enero de 1867, según su biógrafo, José Luis León Roca, acreditó de fuentes familiares. Pero como el día 27 era domingo y el 28 tenían fiesta los funcionarios del juzgado, la inscripción fue hecha el 29 de enero y así ha quedado para siempre. León Roca también dice que el documento tiene “notables inexactitudes”: en vez de poner comerciante en la profesión del padre, pusieron cocinero; y en cuanto a la madre, se anotó que había nacido en Calatayud, cosa cierta, pero el papel situó esa ciudad en la

padres-y-casa-natal-de-blasco-2provincia de Teruel.

En el nombre de los padres parece que la partida de nacimiento no erró: don Gaspar Blasco Teruel y doña Ramona Ibáñez Martínez, los dos aragoneses de origen, el padre nacido en Aguilar de Alfambra, Teruel. El niño Vicente nació en el número 8 de la calle de la Jabonería Nueva, esquina a la calle de los Ángeles, en el seno del negocio familiar, una tienda de ultramarinos.  Por eso la mayor ofensa que Blasco acusó, la frase que más le injurió en toda su vida, fue padres-y-casa-natal-de-blasco-3una que le dedicó su contrincante en la política, el radical Rodrigo Soriano, cuando le llamó “El Sansón de los Fideos”. Dicen que nunca se lo perdonó.

Esa esquina, que en su día tuvo una placa conmemorativa, fue víctima de la apertura de la avenida del Oeste: el edificio entero desapareció. El padre de Blasco fue uno de los cientos de aragoneses que buscaron una vida mejor en Valencia y que prosperaron en el comercio. Don Gaspar, de jovencito, empezó a trabajar de aprendiz en una tienda de la plaza del Mercado; de ahí que Blasco utilizara en ocasiones detalles y evocaciones de ese ambiente comercial de las inmediaciones del Mercado. Cuando don Gaspar y doña Ramona se casaron, en 1866, el biógrafo León Roca afirma que pudieron disponer de 4.000 reales para comprar el local del ultramarinos. En el “sobrado” o altillo de la tienda, vino al mundo el niño Vicente, que empezó a ir, a los cuatro años, a una escuela de la calle de Calabazas, cerca de la de Mallorquins. Más tarde acudió a otra escuela particular, en las inmediaciones del actual teatro Olympia. Finalmente, consta que el pequeño Vicente fue llevado a las Escuelas Pías, señal inequívoca de que sus padres, que habían comprado una casa en la plaza de San Gil, en Velluters, habían mejorado sus condiciones económicas y podían llevar al niño a un colegio “de pago”.

(Continuará)

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La ola de frío de 1469

invierno-libro-de-horas-del-duque-de-berry“En l’any 1469, a 23 de novembre, día de Sant Climent, comencà a ploure. I les pluges duraren decembre i giner; en tanta glaça i gelada i gras frets i tempestat de mal temps com mai fon vist. Se gelà el riu de Tortosa i la major part de l’Albufera de València; moriren moltes persones velles per les grans fredors, i moriren moltes besties; els animals salvatjes se ficaven pels llocs per les moltes neus i per la gran tempestat que fea, que ni les persones ni ela animals no podien comportar; i se trobaven molts animals morts per les muntanyes. I durà esta fortuna del mal temps fins a la Verge María de març (de 1470)”.

(“Dietari del Capellá d’Alfons el Magnànim. 1469. Ilustración procedente del “Libro de Ricas Horas” del Duque de Berry)

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La Nevada Grossa de la Navidad de 1926

 

1927-01-semana-grafica-estacion-albaidaEl corresponsal de “Las Provincias” en Alcoi escribió, que la noche anterior el termómetro había caído hasta los 6 grados bajo cero. “A media tarde ha comenzado a nevar, continuando a la hora en que telefoneo. En las calles hay más de dos palmos de nieve”. Fue lo 1927-01-semana-grafica-26
último que pudo enviar al periódico el día 25 de diciembre de 1926. Después, bajo más de medio metro de nieve, Alcoi y toda su comarca se sumió en una semana de silencio blanco: se cortó el teléfono y el telégrafo, la luz eléctrica quedó sometida a los vaivenes del hielo y el viento y las carreteras se cortaron más o menos al mismo tiempo que la línea del ferrocarril: en la estación de Albaida se quedó dos o tres días un convoy de la Compañía del Norte; la marquesina de la estación de Alcoi se vino al suelo, al tercer día, bajo el peso de la enorme capa de nieve.

La Nevada Grossa ha quedado en la memoria de los vecinos de l’Alcoià y ha pasado de una a otra generación. 1927-01-semana-grafica-alcoy-centroAlcoi quedó paralizado, pero el extraordinario fenómeno meteorológico — “açò no s´habia vist mai”– afectço desde Cataluña a Murcia, igual que ha ocurrido noventa años después. En Valencia, se cerró el puerto, donde las instalaciones quedaron gravemente afectadas por el vendaval. Parques y jardines de la ciudad vieron sucumbir lo mejor de su arbolado mientras 1927-01-semana-grafica-marquesina-estacion-alcoyen la playa del Cabanyal el mar se tragaba los merenderos de precaria construcción y los sanatorios y asilos de la playa sufrían estragos en sus terrazas a causa del furioso oleaje. El umbráculo de los Viveros se descompuso y se vino al suelo.

¿Les suena? El gran temporal de invierno se ha repetido. Y los meteorólogos, que atesoran en sus libros todos estos datos del pasado, apenas se atreven a decir que no se encuentra paralelismo en los últimos cuarenta años. Las fotos de la época, sin embargo, lo recuerdan: el que quiera, el que pueda, solo tiene que consultar los números de “La Semana Gráfica” de enero de 1927.

Fotos del Archivo Tívoli y de “Semana Gráfica” de Valencia

 

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El tiempo está loco… al menos desde 1854

 

1854-05-12-diario-mercantilCuando hay temporal, cuando llueve mucho o cuando nieva, cuando hace frío o mucho calor, el ser humano asegura que “nunca se había visto una cosa así”. Y acepta de buen grado que las estaciones están dislocadas, que ya no hay primavera, que el fresco llega de repente y se come al otoño. Y de ahí a que el clima está cambiando “por culpa” de algo, no hay más que un pequeño escalón: algo haremos mal para recibir este castigo. Lo  divertido es que este pensamiento, que parece fresco, es tan viejo como el hombre mismo. Sin esfuerzo alguno se pueden encontrar comentarios de ese tipo cada tres, cinco, diez años, y viajar muy pero que muy atrás en el túnel del tiempo a través de apreciaciones idénticas: ya no hay primavera, el tiempo está loco, algo le pasa al clima… Como prueba ofrecemos hoy un recorte del “Diario Mercantil de Valencia” del mes de mayo de 1854. La meteorología era rudimentaria, los medios de observación, caseros… pero la sensación de que “lo que me pasa a mi no se había visto nunca” ya estaba tan viva como ahora mismo… Hasta configurar un documento divertido e interesante.

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Homenaje a José Antonio Burriel

 

burriel-20-300x235Ha cumplido 80 años, pero solo los aparenta en el DNI. José Antonio Burriel, el martes, fue objeto de un entrañable homenaje de aniversario en el Colegio de Farmacéuticos de Valencia. Amigos, colaboradores, admiradores, se dieron cita para decirle, simplemente, que se le quiere. Que no es nada para lo que él tiene merecido, pero que es bastante para estos tiempos de deslealtad, indiferencia, frivolidad y olvido. En el homenaje predominaban las mujeres, algo lógico porque “El Burri”, como a él le gusta llamarse y ser llamado, se ha ganado a pulso el cariño femenino, la admiración y el reconocimiento de todas las mujeres que en Valencia y en España llevan años luchando contra la violencia machista, una especialidad a la que lleva dedicado décadas este periodista y abogado que un día, en un plató de televisión, decidió dedicarse intensamente a la causa de las mujeres maltratadas, empeño que le ha llevado a un reconocimiento nacional.

Porque José Antonio Burriel no se ha limitado a escribir, aquí o allá, sobre una de las lacras españolas más inquietantes, sino que se ha puesto al frente de quienes necesitan hacer algo práctico. Desde su asociación, desde su experiencia, y sobre todo desde su inagotable impulso, Burriel no solo ha escrito, y bien, cientos de páginas, sino que ha ideado modelos de conducta, campañas, cursillos, mensajes, estrategias para combatir la violencia contra la mujer. Y los ha difundido en institutos, ante cientos de funcionarios de la administración, de la Policía, de la judicatura; también ante políticos llamados a decidir, que primero le escucharon y ahora ya le llaman como consultor seguro.

En el acto, que condujo Vicent Climent, se leyeron docenas de mensajes de adhesión y cariño. Y se pronunciaron parlamentos muy sentidos, de hondo agradecimiento. De modo que Burriel, emocionado, en una intervención memorable, no solo habló de los clásicos –Aristóteles, Cicerón, Cervantes, Asterix y Obélix– sino que dejó, sobre todo, constancia de su fuerza interior. Porque, empeño profesional aparte, en este caso estamos hablando de fe. Humanística, cristiana, que en su caso adquiere un voltaje excepcional, una capacidad de convicción suprema que lo fía todo a una lucha contra molinos quijotescos; que en este caso resulta ser el gigante egoísta y brutal del tradicional machismo ibérico.

Y así, desde los ochenta años, como si nada, Burriel se emocionó, habló para dar las gracias y dejó bien claro que tiene cuerda –tenacidad, ejemplaridad, vigor intelectual y fuerza moral– para seguir muchos, muchos años más. Y nosotros que lo veamos desde el aplauso y la amistad. Maestro.

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La despedida de un presidente

 

obamafpA pocos días de la toma de posesión de Donald Trump, hay millones de norteamericanos que han comenzado a sentir algo parecido a la orfandad a costa de Barack Obama. Otro tiempo, radicalmente distinto, plagado de incertidumbres y temores, llama a la puerta con el cambio de administración. Pero son ocho años de mandato y Obama ha querido despedirse de los norteamericanos en su ciudad, Chicago, la que le vio madurar y le lanzó a la carrera por la Casa Blanca. En el palacio de congresos McCormick, cerca del lago Michigan, el presidente ha dado su último discurso, en el que ha resumido sus ideas y su mandato, ha dado las gracias a todos y ha rebatido, sin nombrarle, todas las ideas, proposiciones y promesas de Donald Trump.

He aquí una selección de frases e ideas del presidente Obama, extraídas de su discurso de despedida: “Durante 240 años, el llamado de nuestra nación a la ciudadanía le ha dado trabajo y 1-11-17_farewell_addresspropósito a cada nueva generación. Es lo que llevó a los patriotas a elegir la república sobre la tiranía, a los pioneros a irse al oeste, a los esclavos a desafiar aquel precario ferrocarril para conseguir la libertad. Es lo que atrajo a inmigrantes y refugiados desde más allá de los océanos y el Río Bravo, impulsó a las mujeres a luchar por el voto, estimuló a los trabajadores a organizarse. Por eso nuestros soldados dieron sus vidas en la playa Omaha y en Iwo Jima; en Irak y Afganistán – y es por eso que hombres y mujeres desde Selma hasta Stonewall estaban preparados para dar las suyas”. (…)

“Debemos entender que la democracia no exige la uniformidad. Nuestros fundadores discutieron y se comprometieron, y esperaban que nosotros hiciéramos lo mismo. Pero sabían que la democracia sí exige un sentido básico de la solidaridad – la idea de que, a pesar de todas nuestras diferencias externas, estamos todos juntos en esto; que avanzamos o fracasamos como uno sólo. Ha habido momentos a lo largo de nuestra historia que amenazaron con romper esa solidaridad. El comienzo de este siglo fue uno de esos momentos. Un mundo cada vez más pequeño, la creciente desigualdad; el cambio demográfico y el fantasma del terrorismo – estas fuerzas no sólo han puesto a prueba nuestra seguridad y prosperidad, sino nuestra democracia. Y la forma en que enfrentemos estos desafíos para nuestra democracia determinará nuestra capacidad para educar a nuestros hijos, crear buenos empleos y proteger nuestra patria. En otras palabras, determinará nuestro futuro”.(…)

“Para los norteamericanos blancos, significa reconocer que los efectos de la esclavitud y Jim Crow no desaparecieron repentinamente en los años 60; que cuando los grupos minoritarios expresan descontento, no están simplemente practicando el racismo inverso o la corrección política; que cuando protestan de forma pacífica, no están exigiendo un trato especial, sino la igualdad de trato que nuestros fundadores prometieron. Para los estadounidenses nativos, significa recordar que los estereotipos acerca de los inmigrantes de hoy se dijeron, casi palabra por palabra, sobre los irlandeses, italianos y polacos. Estados Unidos no se debilitó por la presencia de estos recién llegados; ellos adoptaron el credo de esta nación, y éste se fortaleció”.(…)

“Es por eso que dejo esta etapa esta noche aún más optimista sobre este país que cuando comenzamos. Porque sé que nuestra labor no sólo ha ayudado a tantos estadounidenses; ha inspirado a tantos estadounidenses – especialmente a tantos jóvenes – a creer que pueden marcar la diferencia; a unirse a algo más grande que ustedes mismos. Esta próxima generación – desinteresada, altruista, creativa y patriótica – la he visto en todos los rincones del país. Ustedes creen en unos Estados Unidos justos e incluyentes; ustedes saben que el cambio constante ha sido el sello distintivo de Estados Unidos, algo que no hay que temer, sino adoptar, y están dispuestos a llevar adelante este difícil trabajo de la democracia. Muy pronto nos superarán en número a cualquiera de nosotros, y creo que como resultado el futuro está en buenas manos.

Mis conciudadanos, ha sido el honor de mi vida servirles. No me detendré; de hecho, voy a estar ahí con ustedes, como ciudadano, para todos los días que me queden por vivir. Por ahora, si ustedes son jóvenes o jóvenes de corazón, tengo que pedirles una última cosa como su Presidente – lo mismo que les pedí cuando me dieron la oportunidad hace ocho años. Les pido que crean. No en mi capacidad para lograr el cambio, sino en la suya.

Les pido que se aferren a esa fe escrita en nuestros documentos constitucionales; esa idea susurrada por esclavos y abolicionistas; ese espíritu cantado por inmigrantes y colonos y aquellos que marcharon por la justicia; ese credo reafirmado por quienes plantaron banderas en campos de batalla extranjeros y en la superficie de la luna; un credo en el núcleo de cada estadounidense cuya historia aún no está escrita: Sí podemos. Sí lo logramos. Sí podemos. Muchas gracias. Que Dios los bendiga. Y que Dios continúe bendiciendo a Estados Unidos de América”.

En las imágenes, la portada del diario “Chicago Tribune” con la noticia de la elección del senador Obama como presidente, en 2008, y la portada de ayer, con la noticia del discurso de despedida pronunciado en la ciudad.

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La Cabalgata de Reyes de Valencia, un festejo de 1921

  • 1921-01-05-primera-cabalgata-de-reyesEl Círculo de Bellas Artes fue el animador de la fiesta en sus años iniciales.

  • La Cabalgata de Reyes de Valencia nació en el año 1921 por iniciativa del Círculo de Bellas Artes, incansable animador de la vida festiva de la ciudad durante décadas, tanto a finales del siglo XIX como a principios del XX. La tradicional fiesta de obsequiar con juguetes a los niños pobres o huérfanos es mucho más antigua, y se ocuparon de ella no pocas instituciones de caridad, privadas o públicas. La que organizaba cada año la Casa de la Misericordia era la que más notoriedad alcanzaba en los diarios de principios de siglo XX, aunque es evidente que había 1231176821976otras, que siguieron produciéndose, en la mañana del 6 de enero, con independencia de la irrupción de la Cabalgata de Reyes de la tarde del 5 de enero.

En esa fecha de 1921, los tres Reyes Magos recorrieron las calles del centro de la ciudad, en un espectáculo, organizado por el Círculo de Bellas Artes 1924-cabalgatasin la colaboración municipal. Era alcalde de Valencia Ricardo Samper, del Partido de la Unión Republicana Autonomista y hay que señalar que no hubo objeciones ni problemas a una fiesta dedicada a los niños. No consta que hubiera interferencia por parte de un político que llegó a ser presidente del Gobierno en los años treinta. En la reseña que publicó el diario republicano “El Pueblo” tampoco se vislumbran tensiones con esta Cabalgata de Reyes, privada y pionera.

Entre las cinco y las siete de la tarde, el cortejo recorrió las calles del centro de la ciudad a partir de la sede del Círculo, en la calle de la Paz. La colaboración de la administración pública parece que se limitó a la de la guardia municipal a caballo, que abría el cortejo, y la banda militar del Regimiento Guadalajara, que lo cerraba. Todos el esfuerzo, los personajes, y la elaboración de la única carroza final, que representaba el Nacimiento de Belén con personajes vivientes, corrió de cuenta del Circulo de Bellas Artes, cuyo presidente, el pintor Manuel Sigüenza, fue muy felicitado por toda la prensa, sin distinción de colores.

La actividad principal corrió a la sección joven del Círculo. Gracias a los jóvenes artistas, Valencia conoció a Manuel Badenes (el poeta Badenes) que era el heraldo del cortejo, a Carlos Cortina que figuró como un ángel anunciador y a los tres Reyes, que desfilaron sobre camellos: Eduardo Gascó, Emilio Suay y Joaquín Payá. Nada se ha escrito sobre el particular, pero a la vista de los apellidos podemos encontrar una probable influencia alcoyana en el nacimiento del festejo valenciano, hecha cuenta de que Alcoi es la cuna valenciana de las Cabalgatas de Reyes  Magos. En todo caso, los Magos, el 6 de enero, volvieron a desfilar rumbo al Hospital, donde obsequiaron a los niños y posaron largo rato en los tronos instalados en la Glorieta, donde dieron juguetes y golosinas a los niños que acudieron a saludarles.

En el año 1922, el mal tiempo parece que contribuyó a que no hubiera Cabalgata. Sin embargo, el Círculo de Bellas Artes  acudió el 6 de enero al Hospital y a la Glorieta, para hacer entrega de juguetes a los niños enfermos o pobres. La esposa del alcalde Samper presidió la entrega de regalos de la Glorieta en una jornada donde prácticamente todas las instituciones benéficas tuvieron fiesta de entrega de juguetes. Tampoco hubo Cabalgata en 1923, aunque no faltó la iniciativa del Círculo hacia los niños pobres o enfermos. La Cabalgata regresó en 1924, pasadas las fiestas de la Coronación de la Virgen de los Desamparados de mayo de 1923, y ya con Juan Avilés, general de Ingenieros, instalado en la alcaldía por decisión del gobierno de Primo de Rivera.

En este caso, la colaboración del Ayuntamiento y la Diputación con el Círculo de Bellas Artes hizo que la Cabalgata fuera ya un elemento festivo integrado en la esfera municipal. La anécdota de esta edición fue el retraso de media hora a causa de la rotura de un eje a la principal carroza del festejo. Este detalle es el único del que se hizo eco el diario republicano “El Pueblo”, que no informó del festejo aunque el día 8 dio una larga reseña de la Cabalgata celebrada en Sevilla, donde el escritor Jacinto Benavente fue la estrella de los figurantes.

Desde ese año, y salvo contingencias del clima, la Cabalgata de Reyes se celebró en Valencia de manera continuada, bajo organización del Círculo, que hacía una activa campaña de recaudación de donativos para poder comprar los juguetes. La Cabalgata se celebró durante la República y se suspendió durante la Guerra Civil: en 1937 fue sustituida por una Cabalgata de signo político, enmarcada dentro de una llamada Semana del Niño. Las alusiones bíblicas, desde luego, desaparecieron, sustituidas por homenajes a políticos de signo comunista.

Pasada la Guerra Civil, la Cabalgata de Reyes de Valencia, que este año cumple su 95º aniversario, siguió celebrándose, siempre bajo organización municipal, pero con la colaboración, en los años iniciales, de Falange, Frente de Juventudes y otras instituciones del Régimen franquista.

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Emilia Pardo Bazán: cena de Nochevieja en la Lonja

04-53-1900-01-00-pardo-bazan-en-valenciaLa entrada de doña Emilia Pardo Bazán, a las nueve en punto de la noche, del brazo de don Teodoro Llorente, en el salón columnario de la Lonja, fue inolvidable por su solemnidad y elegancia. El poeta y respetado periodista, rechoncho y de lacios bigotes, quedaba empequeñecido al lado de la bella escritora gallega, que aunque andaba camino de la cincuentena lucía un palmito imponente. El diario de don Teodoro lo escribió al día siguiente: llevaba un “traje alto, de raso blanco con encajes de Inglaterra, y ostentando valiosas alhajas, entre las que llamaba la atención una lindísima riviére de brillantes y gruesas perlas, de gran valor”.

Era la Nochevieja de 1899 y las fuerzas vivas de la ciudad, por iniciativa del Ateneo Mercantil, iban a rendir homenaje a la famosa escritora, autora ya de más de veinte novelas de gran éxito nacional e internacional y sobre todo poseedora de un espíritu creativo, amante de la libertad y el progreso, en el que destacaba además el rasgo insólito de defender la igualdad de derechos del varón y la mujer, sobre todo en lo que se refiere a la educación.

Doña Emilia era, indudablemente, el progreso, el nuevo espíritu del siglo XX. Por eso, además de las autoridades, en la noche en que iba a cambiar tan espectacularmente el almanaque, ocuparon asientos en el banquete docenas de artistas, intelectuales y poetas y, sobre todo, representantes de los círculos y ateneos literarios y científicos, del empresariado y de los comerciantes, hasta sumar un total de 315 comensales. Los quince potentes focos eléctricos que se habían colgado de las bóvedas del salón columnario de la Lonja daban al recinto gótico un particular encanto: las cuatro fachadas del salón estaban tapizadas con profusión de plantas, y las tres largas mesas, instaladas sobre alfombras para evitar el frío de las piedras desnudas, elegantemente decoradas por los sirvientes del restaurante Miramar, que dispuso el banquete.

La intelectual llegó a Valencia el 26 de diciembre, acompañada de su hijo, Jaime Quiroga Pardo-Bazán, fruto del matrimonio que la escritora decidió romper, hacia 1884, cuando su marido, después de la conmoción que supuso la publicación de “La cuestión palpitante”, quiso interferir en su vida profesional ordenándole en vano que dejara la literatura. Doña Emilia, de la que toda España sabía que mantenía una intensa relación de amor con Benito Pérez Galdós, había venido a hacer el discurso de apertura del Ateneo Científico de Valencia. Hospedada en el Gran Hotel de la calle de San Vicente, la ilustre escritora, acompañada del doctor Candela, presidente del Ateneo, visitó El Puig, fue obsequiada otro día con una fiesta huertana y, el día 29, pronunció su discurso inaugural, dedicado a la patria y sus valores, en el Paraninfo de la Universidad.

En la cena de fin de año de la Lonja, hubo largos brindis, lectura de versos y epigramas y un ambiente de permanente homenaje a la calidad y al vigor de la obra que había implantado el naturalismo, así como a la valentía de sus planteamientos de libertad e igualdad y a los valores de renovación y modernidad que contenía.

Uno de los discursos más agudos, el del poeta Latorre, aludió a la presencia en la cena de Llorente, autor del poema “La Barraca”, que era el equivalente al clasicismo, y también la destacada evidencia del naturalismo y la modernidad, representada por Vicente Blasco Ibáñez, autor de la novela “La Barraca”. Para que no faltara nada, la poesía popular llegó de la mano de Millás, que recitó unos “Cantares” de entre los que cabe recordar:

  Cuando leo tus escritos,/ Siempre exclamo al terminar. /“! Válgame Dios y qué agallas /Tiene la Pardo Bazán!”

Las campanas de todas las iglesias sonaron a medianoche para señalar la llegada del nuevo año, cuando la insigne escritora iba a comenzar su disertación, al final del banquete. Saludó a Valencia y a los valencianos y, dejando a un lado los asuntos elevados en ese instante, quiso dar las gracias, como mujer, por el afecto humano que recibía en todas partes. Finalmente, estableció un paralelismo entre el homenaje que Valencia le rendía y nuestros Juegos Florales; para invertir los términos, convertirse en poeta laureado y ser quien otorgara la flor natural. Es lo que hizo: tomó una rosa roja de la “corbeille” que había en el centro de la mesa y la obsequió entre ovaciones a don Teodoro Llorente, que no pudo contener la emoción.

Su carruaje fue acompañado por los de muchos admiradores hasta el Gran Hotel, cerca de la plaza de la Reina. Fueron tantas las canciones, vivas y reclamos de los valencianos que a doña Emilia le fue forzoso saludar desde el balcón antes de retirarse a dormir. Aún estuvo la escritora en Valencia varios días más: visitó la Institución para la Enseñanza de la Mujer, la Sociedad Coral El Micalet, el sanatorio antituberculoso del doctor Moliner en Portaceli y tras despedirse del Ateneo regresó a Madrid el 4 de enero. Una foto nos recuerda este memorable viaje a Valencia de la escritora que simboliza a la mujer española, con toda su carga de esperanzas de cambio, en el umbral del siglo XX; sobre todo porque la vemos flanqueada por Llorente y Blasco Ibáñez, la tradición y la modernidad en la literatura valenciana.

Durante la estancia en Valencia de la Pardo Bazán, “Las Provincias” publicó el mejor elogio que podía hacer de su obra: un artículo de otra mujer, valenciana en este caso, que llevaba años luchando por la dignificación de la mujer a través de una educación de calidad y en valores de igualdad. Era doña María Carbonell, una excepcional pedagoga, que decía hablando de la escritora: “He aquí un nombre que resuena en Europa excitando la admiración y el respeto, y espacia en España el ánimo de quienes lamentan decaimientos, notan deficiencias y lloran desastres”.

Ese era, en 1900, el moderno sentido de lo progresista: contra el decaimiento nacional, contra el pesimismo y la apatía, educación, regeneración moral. En su visita a la Institución para la Enseñanza de la Mujer, que funcionaba en el segundo piso del destartalado y enorme palacio de Parcent, la escritora, acompañada de Blasco Ibáñez y del doctor Candela, celebró la tarea educativa de una escuela que destacaba en la ciudad por sus desvelos educativos hacia las mujeres y dijo:

– La mujer española es ingeniosa y de gran perspicacia; ¡lástima no se la instruya, pues con su instrucción se alcanzaría un cambio admirable en sus costumbres y en su carácter!

 En una España donde miles de adolescentes dejaban la escuela prematuramente para pasar a las filas del trabajo, la lucha por la igualdad de la mujer estaba comenzando por las aulas; para lograr, antes que nada, que todas las mujeres fueran a la escuela, y luego para que recibieran los mismos programas que los chicos, y no solamente lo que eufemísticamente se llamaba “costura”. Finalmente, para conseguir que las tareas domésticas no las arrancaran del aula antes que a los varones, como solía suceder. Esos eran, o debían ser, los tiempos modernos.

(Del libro “Tiempos Modernos”, editado por el Ayuntamiento de Valencia en 2008)

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El mayor esfuerzo para la Lotería

1926-12-23-loteria-pizarraDurante la mayor parte del siglo XX, el Sorteo de Navidad de la Lotería Nacional ha sido el hecho previsible de mayor interés informativo en España. Todos los periódicos y emisoras de radio, más la televisión cuando llegó, prestaron atención preferente a esa noticia: que en Valencia, una de las ciudades donde más lotería se juega, ha suscitado siempre una pasión singular. Por eso LAS PROVINCIAS, a lo largo de
su historia, ha prestado la máxima atención informativa a la noticia: toda la redacción se movilizaba para la ocasión; e incluso se llegó a traer en avión la lista de números premiados.

   En diciembre de 1955, la empresa editora de LAS PROVINCIAS decidió hacer un esfuerzo especial y encargó a una tripulación de Iberia que trajera en exclusiva la noticia del año. Un delegado del periódico en Madrid la entregó al piloto del avión de pasajeros; un par de horas después, en Manises, la preciada carga era depositada en manos de otros empleados del diario decano. El fotógrafo inmortalizó el momento a pie de escalerilla: el comandante Echevarría, el segundo piloto Ferreira y el radiotelegrafista, señor Heli, aparecieron por primera vez, sonrientes, en la portada de un diario. El rollo de papel que entregaban era una lista de números, la lista oficial de premios del Sorteo de Navidad de la Lotería de Navidad que se había celebrado en la mañana del 22 de diciembre.

   El esfuerzo valía la pena. Aunque ese año no tocó el Gordo en Valencia, la tirada del periódico se multiplicó, al día siguiente del sorteo, por tres o por cuatro: la gente quería saber dónde había ido a parar la suerte ese año, y cotejar cada una de las participaciones y papeletas compradas aquí y allá con una lista de números premiados que fuera fiable, la llamada Lista Oficial. En  las páginas del periódico del 23 de diciembre las listas de números se publicaban orladas de publicidad. Los almacenes y tiendas más prestigiosas de la ciudad, Almacenes Ruiz  y Casa Cuadrado;  los juguetes más populares,  como el Kadako de Geiper; las marcas de dulces y turrones, como Monerris Planelles, reservaban con anticipación esos espacios y pagaban muy buen dinero por ellos. El periódico del 23 de diciembre era, de todo el año, el de mayor recaudación.

    Por eso se cuidaba tanto la información de la Lotería. Esa es la razón por la que, en los años cincuenta y sesenta, a los periodistas de esta casa, verdaderamente muy remisos a salir en fotografías, hay que buscarlos, mezclados con los agraciados por la Lotería Nacional, en las imágenes que tanto Cabrelles Sigüenza como José Penalba obtenían en el curso de las escenas de alegría en los lugares donde el Gordo había caído. El 23 de diciembre de 1953 podemos encontrar en portada, con su corbata, su chaqueta y su gabardina de reportero, provisto de pluma y block, a un elegante José María Cruz Román que salió a la caza y captura de los agraciados por el 3.270, un número bajo que dejó raudales de dinero en Valencia.

    Raudales de dinero quiere decir 125 millones de pesetas, un fortunón que se repartió entre los empleados de la delegación de los Tabacos del Estado en Valencia, entre los del Centro de Fermentación de Albal y entre los trabajadores y familia propietaria, los Marí Montañana, de una fábrica de cocinas de petróleo, el humilde hornillo Práctic del subdesarrollo valenciano, que estaba ubicada en la calle de Azcárraga. Las imágenes nos muestran a los agraciados, trabajadores del taller, empleados de las oficinas de Tabacos, “el cajero señor Reig, acompañado del señor Chust, que juegan 25 pesetas cada uno”. Y con ellos, micrófono o libreta en mano, aparecen entrañables compañeros de profesión que han dejado en la prensa y la radio valencianas su mejor quehacer: Vicente Ros Belda, de Radio Valencia; Alejandro García Planas, de la SER y de LAS PROVINCIAS; Ricardo Dasí Gadea, compañero de la redacción, padre de José Manuel y Ricardo Dasí Monzó.

   La información de la Lotería era el banco de pruebas de la prensa valenciana junto con la Batalla de Flores. Todos los recursos se movilizaban y todos los periodistas tenían que salir a la calle si llegaba el caso. Ricardo Ros Marín, al que se ha rendido justo homenaje en la Fundación Coso hace unos días, se curtió en esas tareas. Como lo hizo también el gran poeta Vicent Andrés Estellés cuando comenzó a trabajar en esta redacción.  La Lotería de Navidad, además, ha sido la noticia capaz de mantener viva la última tradición de periodismo directo que hubo en Valencia: el pizarrón. En la fachada de la vieja sede de LAS PROVINCIAS, en el palacio de los Valeriola de la calle del Mar, aún se anotó con tiza, en el sorteo de 1953, el número premiado en el Gordo de Navidad.

   Ahora hace 50 años, en la Navidad de 1956, LAS PROVINCIAS  puso en servicio un invento sensacional: la telefoto. Permitía recibir imágenes retransmitidas por telefonía y hacía posible, por lo tanto, recibir una fotografía de la lista de los números premiados en el Sorteo del 22 de diciembre. ¿Pero era un sistema fiable? ¿Podrían darse interferencias de transmisión que se tradujeran en inquietantes rayas gráficas? Incluso la foto oficial de Franco en su discurso de fin de año podía publicarse con una raya más o menos oscura; pero en modo alguno merecía el lector que se le indujera a errores con la sagrada Lotería. Es así como el deseo de cumplir con puntualidad y ser a la vez fiables prolongó una cierta desconfianza técnica hacia la telefoto y recomendó que los modelos propios de recepción de la lista se prolongaran largo tiempo. LAS PROVINCIAS, que además del avión usó los servicios de motoristas y pilotos de coches de competición, estuvo enviando empleados a Madrid, a recoger la lista de los números premiados y traerla a Valencia en el vuelo de regreso, hasta casi el final del siglo XX.

    En 1959, el director José Ombuena se vio obligado a tomar una decisión trascendental y a decidir qué noticia alcanzaba más importancia en la portada de LAS PROVINCIAS del 23 de diciembre. Una, era la indiscutible noticia oficial no ya del año sino de la década: Franco acababa de recibir al presidente Eisenhower  en Barajas en el curso de una “cumbre” que redondeaba años de pacto y colaboración con el amigo americano. La otra, sin embargo, no era menor: porque el Gordo de Navidad había tocado en Valencia, en el establecimiento de licores que la familia González Mataix tenía en la calle de Játiva, entre las empleadas de Telefónica, en el Bar Trocadero y en muchos otros lugares más. Con su probada ecuanimidad, el director fue salomónico: destinó la mitad de la portada a cada asunto y todos durmieron en paz. Especialmente los premiados. En uno de los pasillos de esta casa aún tenemos enmarcada la fotografía de los empleados del Banco de Vizcaya que posaron con todos los décimos premiados cuando los agraciados fueron a depositarlos.

(Publicado en “Las Provincias” de 20 de diciembre de 2006)

En la foto, del año 1926, el público se agolpe ante la pizarra en la que el periódico informaba, en su sede de la calle del Mar, de los números premiados en el sorteo.

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